Teoría política del gato naranja |
Teoría política del gato naranja
He tenido dos gatos. Uno se llamaba Willy y parecía saber lo que hacía. El otro se llama Rasputín y, en fin, basta con el nombre. Con el primero se podía convivir. Con el segundo, asistir.
Willy era un persa. Blanco, silencioso, con esa gravedad antigua de quien no necesita moverse mucho para hacerse notar. No maullaba: dictaba. Caminaba despacio, como si el tiempo fuese una cortesía que los demás debíamos observar en su presencia.
Tenía algo de perro, lo cual en un gato es casi una forma de herejía. Acudía cuando lo llamabas, se quedaba cerca, vigilaba la casa con una lealtad discreta.
No hacía grandes cosas, pero daba la sensación de que, si........