Hacerse cargo
Hacerse cargo
Coincidí con una persona cercana en una mesa cualquiera. De esas mesas donde no se arregla nada, pero se dice casi todo. Hablaba despacio, con esa cautela de quien teme que las palabras, si se aceleran, hagan más daño que los hechos. No se reprochaba grandes errores, sino ausencias: lo que no se dijo a tiempo, lo que no se exigió cuando aún era posible, lo que se dejó pasar por cansancio o por miedo.
Su desvelo no tenía que ver con un muchacho, sino con un adulto que roza la treintena. No trabaja, no colabora, no cuida el espacio que habita ni parece capaz de sostener una conversación que no sea evasión. No vive: permanece. Como si la vida fuera una sala de espera sin megafonía ni reloj. Y entonces, casi en voz baja, formuló la pregunta que pesa más que cualquier respuesta: ¿qué he hecho........© Información
