Aprender a decir “estoy bien”

Aprender a decir “estoy bien”.

Esmeralda empezó a sospechar del cuerpo una mañana en la que tardó varios minutos en cerrar la mano alrededor de una taza de café. Al principio pensó que era cansancio. Después estrés. Luego empezó a despertarse agotada.

Le dolían las muñecas. A veces las rodillas. Más tarde apareció el sol. Había días en los que salir a la calle le dejaba la piel ardiendo.

Seguía haciendo vida normal. O eso intentaba. Aprendió a decir “estoy bien” con bastante solvencia. Lo decía en cenas, en llamadas de teléfono y en consultas médicas.

Esmeralda escribía novelas que leían pocas personas y daba clases particulares.

Vivía sola. El diagnóstico llegó después de varias analíticas, varios médicos y demasiada gente sugiriendo que quizá todo era estrés. Siempre hay alguien dispuesto a echarle la culpa........

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