Mirando con las manos en los bolsillos el derrumbe de lo que construyeron nuestros abuelos y bisabuelos

La protesta de los docentes en huelga por la educación pública corta la avenida Alfonso el Sabio en Alicante

No sé si la perspectiva de ciertos años ya vividos es de agradecer cuando se suceden acontecimientos tan tristes como los de estos años. El consuelo de que el planeta parece estar cruzando un túnel negro en su órbita se empeña en nublar la visión de lo cercano. Y no debería, porque es lo cercano, lo único que nos amarra al suelo, a la tierra.

En la Comunidad Valenciana, como en tantas otras tierras, ocurren desde hace unos años fenómenos inexplicables: mentiras y amaños tras una catástrofe sin precedentes; cesión de la gestión de la vivienda protegida a manos privadas que acaba en escándalo en medio de la asfixia por un techo; enchufismo flagrante y sin complejos al poco de tomar el poder tras la expulsión del poderoso anterior por el clamor popular; y, ahora, un colapso absurdo de la educación de todos, de todas.

Alineados, estos son episodios que trazan, rasgan, una punta de flecha hacia abajo en mucho de lo importante. Lo importante. Ya nadie piensa en lo importante porque lo básico está fallando. Eso que creíamos asentado y que no todos los de mediana edad parecemos recordar. Yo recuerdo, por ejemplo, cuando la universidad era un centro de intelectualidad y valentía, que respondía a menudo a las injusticias de forma unida, representando uno de los poderes de la sociedad. Eran otros tiempos. No recuerdo una universidad tan pusilánime como esta que tenemos en la Comunidad Valenciana en este momento ante la........

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