Una visión desde EE UU de la respuesta de España ante la crisis con Irán: cuando la prudencia no basta |
Feijóo acusa a Sánchez de "aprovecharse de la guerra" y el presidente le pide que "rectifique" su actitud respecto al conflicto de Irán
Seguir la política exterior española desde Estados Unidos se parece, a veces, a un ejercicio de antropología política. La distancia no solo cambia el ángulo desde el que se observan los acontecimientos, también revela con más claridad las tensiones entre el discurso y la práctica. En Washington, cuando se analiza una crisis internacional, el debate raramente gira en torno a quién posee la superioridad moral. La conversación suele ir por otro camino. ¿Quién toma decisiones reales? ¿Quién está dispuesto a asumir riesgos? ¿Quién intenta atravesar la tormenta procurando no pagar demasiado coste político?
Desde esa perspectiva, la posición española ante la crisis con Irán resulta particularmente reveladora.
La escalada militar en Oriente Medio ha devuelto a la región al centro del tablero geopolítico. Ataques contra objetivos iraníes, respuestas de Teherán y una tensión creciente en torno al estrecho de Ormuz han reactivado una de las arterias más sensibles de la economía mundial. Por ese corredor marítimo circula aproximadamente el 20 % del petróleo que se comercia en el planeta. Cada amenaza de bloqueo, cada movimiento naval y cada intercambio de misiles repercute casi de inmediato en los mercados energéticos y en las decisiones de las capitales europeas.
La reacción del Gobierno español ha sido, en términos retóricos, impecable. Defensa del derecho internacional, rechazo a la escalada militar y apelaciones constantes a la diplomacia. España insiste en que no respaldará ninguna intervención que no esté amparada por el marco internacional.
Pero ahí aparece una paradoja difícil de ignorar.........