30 años de la Kali Nord: los imprescindibles |
La Kali Nord "asalta" el entrenamiento del Lucentum
Fue hace más de veinte años, en aquella temporada en que la primera vuelta había dejado un preocupante balance de dos victorias frente a más de una docena de derrotas. Había que ponerse las pilas en la segunda vuelta para remontar puestos en la tabla y rehuir el descenso. Era crucial animar a Lucio, De Miguel, Oriol, Berni... y encontrar alguna frase que reflejara ese espíritu. A la hora de preparar la pancarta, Rafa no tuvo que pensarlo mucho. "Quien nunca se rinde, al final triunfa". A su padre, también Rafael, le gustó, y así lo pintaron en letras mayúsculas. El resto ya es historia. El equipo se salvó y la Kali había acuñado el lema entre los lemas.
Antonio Conesa, Rosi Martín, Pedro Irles, Gabi Sánchez, Rafa Sánchez, Ana Ferrándiz y Bea Iñesta. / P. R.
Mucho ha llovido desde entonces, pero la Kali Nord sigue ahí, incombustible, ondeando un tifo inmenso para celebrar sus 30 años animando. Solo Gabi sabe las horas que han pasado pintándolo; las mismas que dedican a mil causas sociales, como el premiado proyecto Lucentum Zona Norte. Son tres décadas llenas de recuerdos… como aquel día en que se vino abajo la grada en el Palacio de los Deportes y el susto enorme. Suni tejiendo metros y metros de tela para los cubregradas en los partidos. Rafa recogiendo el premio Importantes de INFORMACIÓN y brindándoselo a la peña. Los viajes con Antonio, Rosi, Toñín, Nando, Vitu. Cuando les pilló una nevada en aquella expedición a Valladolid. Las risas con Ismaelo, los Casillas, Maikel, Edu, Gadea, Aliaga, Pedro Mario... La escapada kamikaze a Andorra en aquel ascenso. El eterno recuerdo de Gabi Gaitán. Las cervezas con Edu, Jalo, Guille, Pascu, Franka... Los buenos ratos compartidos con otras peñas de baloncesto como la Demencia o Fora Dubtes. Las bromas, los wasaps de Alesander, Ángel, Popo... el empuje de Lucía, Irles, Ana, Íker, Adri, Pana, Bea... Tantos que no caben aquí.
"Somos la Kali", cantan. "La peña que te anima con el alma y la garganta". Ustedes los conocen por las pancartas, las camisetas, los cánticos en el pabellón. Pero, sobre todo, admiran su fidelidad, su sacrificio. No solo por los miles de kilómetros que llevan a las espaldas acompañando al equipo aquí y allá, haciendo malabarismos en el trabajo para cuadrar la agenda de los viajes con la peña y maldurmiendo fuera de casa para que el Lucentum nunca camine solo. Les admiran, sobre todo, porque han estado en las buenas y en las malas, en los días de gloria y en las tardes de infierno y destierro. Nunca se marcharon, y esa es su grandeza.
Ya lo escribió Bertolt Brecht. Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.
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