Ser Groenlandia sin saberlo

Pérez Llorca presente en el homenaje de Manuel Broseta en el 34 aniversario de su asesinato / GERMAN CABALLERO / LEV

Las recientes elecciones en Extremadura dejaron mensajes claros, que coinciden con el ambiente político que en general se respira: el PSOE se hundió (perdió casi la mitad de sus diputados) pero el PP no fue capaz de rentabilizar la presidencia de María Guardiola y, aunque creció un escaño, quedó lejos de la mayoría absoluta necesaria para gobernar en solitario o, al menos, con algo más de estabilidad. Podemos reverdeció, aunque de forma insuficiente. Y Vox se consolidó como tercera fuerza política, cada vez más cerca de ser en algunas regiones segunda.

Es cierto que la situación en Extremadura era singular. Los socialistas concurrían con un candidato desacreditado por su relación con Pedro Sánchez y los líos judiciales que ello le han acarreado y Guardiola es una presidenta que, al contrario de lo que hizo en la Comunitat Valenciana Mazón, se resistió al principio con uñas y dientes a dejarle espacio a la ultraderecha, pero a la postre no ha sido capaz de arrinconarla: hoy la necesita más que ayer. Los próximos comicios en Aragón y Castilla y León serán un espejo más fiel de las dinámicas que pueden proyectarse a todo el país. Pero sobre todo serán las elecciones andaluzas las que marquen tendencia.

Moreno no parece tener en riesgo la presidencia, pero sí desde luego la mayoría absoluta y, sobre todo, la imagen que se ha esforzado en cultivar de líder moderado de la derecha. El malagueño ya sabe lo que es depender de otros. Llegó a la presidencia en la primera legislatura con el peor resultado que el PP había obtenido en años en esa comunidad, pero el pacto con Ciudadanos y el apoyo de Vox le permitieron adueñarse de San Telmo. Desde allí logró desplegar una doble y exitosa estrategia: la de fomentar un cierto nacionalismo andaluz basado en el orgullo de pertenencia a una identidad singular que había sido denostada durante décadas y ahora es ensalzada; y la de que el voto útil para frenar a la ultraderecha era, precisamente, el voto al PP. Todo eso le dio mayoría absoluta para este segundo mandato. Pero la corriente política general, el síndrome del palacio, que le ha ido restando progresivamente frescura y........

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