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Ceuta, el epílogo

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12.09.2026

Asentamientos en la playa del Trampolín en Ceuta. / Marcos Moreno - Europa Press

La gestión de la crisis de Ceuta, desde las jornadas anteriores a la entrada de más de setenta mil personas en el enclave español situado en Marruecos, el 30 de julio, hasta el día de hoy, ha sido un desastre político, técnico y de comunicación de escasos precedentes. Que, casi mes y medio después de que se produjera la avalancha ante la pasividad (cuando no la complicidad) de la gendarmería marroquí y la impotencia de los escasos efectivos españoles a este lado de la frontera, el ministro de Interior y la ministra de Defensa continúen en sus puestos resulta inaudito. Que no haya habido ningún cese entre los mandos de los Servicios de Inteligencia, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o el Ejército que, en contra de lo que ha venido sosteniendo el Gobierno, sí lanzaron alertas sobre lo que se estaba gestando, pero lo hicieron de un modo que no puede sino recordarnos los monólogos de Gila (“uy, la que se va a liar…”), también se antoja incomprensible.

Decenas de miles de personas se desplazaron por un país que ha hecho del control de sus súbditos la base de su sistema y donde a los españoles nos tenían dicho que contábamos con el mayor despliegue de agentes infiltrados imaginable, sin que nadie fuera capaz de prevenir la magnitud del golpe. Y el Gobierno no sólo se vio desbordado por los acontecimientos, sino que ha permanecido ausente durante todo el largo mes de agosto y en septiembre aún parece estar esperando que la situación se arregle por sí sola. Podemos estar de acuerdo en la repulsa más firme posible al discurso de odio de Vox, aunque queda la extraña impresión de que en este caso Abascal ha ido, teniendo en cuenta lo que representa, con pies de plomo. Podemos criticar la actuación del PP, cuyo líder, Alberto Núñez Feijóo, no debe haber leído muchos libros de historia, porque si no sabría que el seguidismo de la extrema derecha sólo puede acabar........

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