Optimismo, pese a todo
Optimismo, pese a todo / Belmar Artworks
─Te veo optimista, JC. Y no me explico el motivo, porque reviso la que está liada en el planeta Tierra y no encuentro ninguna coartada para la ilusión.
─Es cierto, Pa. Desde hace muchos años el planeta parece encaminado hacia su destrucción, y todo el mundo está de acuerdo en ello. Sin embargo, los factores indicadores de la humanidad son mejores cada día. La esperanza de vida, el nivel de desarrollo…
─Pero convendrás conmigo en que hay indicadores aún muy negativos, singularmente la desigualdad. El mundo se está polarizando, los estúpidos parecen reinar en un ambiente de mediocridad. Las redes sociales están idiotizando a un buen número de jóvenes humanos, y no tan jóvenes. El esfuerzo no parece de moda…
─Quizá... Como que el pasado siempre se considera mejor. Eso sucede desde los tiempos de la Grecia clásica, y ha contagiado a todas las generaciones. Los seres humanos adoran los recuerdos del siglo XX y sin embargo se regodean con los fracasos del XXI. Todo parece encaminado a colocar al mundo al borde del colapso perpetuo.
─Es verdad que el pesimismo es casi una muestra de la sociedad humana. Muchos están de acuerdo en que todo va mal y, lo peor, que aún empeorará. Sin embargo, el optimismo se mira de reojo como una rareza.
─El pasado tiene una ventaja: elimina la incertidumbre, una de las cosas que más angustia a los humanos. Y la información continua y en tiempo real amplifica lo negativo, rara vez lo favorable. ¿Recuerdas aquella anécdota del diario que solo publicaba noticias buenas y tuvo que cerrar a los pocos días? Por eso yo me he dedicado en los últimos tiempos a recopilar noticias positivas. Lo hago casi como una terapia y tengo un montón de novedades referidas a todos los ámbitos, singularmente al científico, médico y cultural.
─A nivel político no hay tal cosecha.
─Es verdad que a nivel político hay pocas alegrías que echarse a la boca, pero que es que la política es una parte muy pequeña de la actividad humana, que deberíamos soslayar a la hora de plantearnos los grandes retos y los niveles de felicidad de la Humanidad.
─No sé… Me cuesta trabajo ser optimista en estas circunstancias.
─Ser optimista no es ser iluso, ignorar los problemas del mundo; consiste en identificar y valorar lo bueno que hay en él, que es mucho. El hombre nunca disfrutó de tanta longevidad, tanta calidad de vida, tantos avances científicos; nunca llegó tan lejos fuera de su planeta, nunca hubo tantos proyectos ilusionantes en marcha: está a las puertas de una revolución con la IA que puede marcar su devenir como nunca antes en la historia, jamás conoció tan profundamente su propio organismo, su genoma, los mecanismos de la enfermedad, nunca dispuso de tantas armas para luchar por su salud, nunca ha habido tantas oportunidades en el planeta para aquellos dispuestos a lucharlas… Se trata de elegir un futuro, y yo me siento mejor creyendo en uno ilusionante y productivo antes que en el apocalipsis.
─No te culpo, aunque no me parece demasiado realista.
─¿Qué habré perdido en caso contrario? ¿Que me digas “te lo dije” el día siguiente al Apocalipsis? Déjame ser optimista, porque las creencias en positivo también influirán en los actos y los esfuerzos para alcanzar ese futuro mejor. La novela del éxito nunca fue escrita por derrotistas.
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