La corbata de Trump, el pañuelo de Pavarotti y el contouring de Sánchez
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Francis Chung - Pool via CNP
Mi primer aprendizaje sobre estética no llegó frente a un espejo ni en una escuela. Llegó en la infancia, corriendo por los largos pasillos de una casa llena de vida, ruido y humanidad. Éramos diez hermanos. Yo, el cuarto. Y siempre había alguien corriendo.
Mi padre, desde cualquier lugar de la casa, era capaz de decir:
—¿A dónde vas, Josito, corriendo de esa manera? ¿No ves que te puedes caer?
Y acertaba. Siempre.
Reconocía a cada uno de sus hijos por la forma de correr. Por el ritmo, por la pisada, por la intención. Yo no corría como Paquito. Ni como la Nena. Cada cuerpo tenía una manera distinta de habitar el espacio. Cada movimiento era identidad.
Pensaba el mundo con rigor, pero lo comprendía desde la observación profunda del ser humano. Para él, la estética nunca fue superficial. Era una expresión ética del comportamiento.
Hoy lo entiendo con claridad: no nos corregía por la forma, sino por la responsabilidad del movimiento. Porque correr sin conciencia, moverse sin atención, vivir sin ética… siempre termina en caída.
Vivimos en una sociedad obsesionada con la imagen y profundamente desorientada en valores. Hablamos de estética como si fuera algo accesorio, cuando en realidad es uno de los lenguajes más honestos del ser........© Información
