La peligrosa normalidad de desconfiar |
La peligrosa normalidad de desconfiar
No solo se erosionan las instituciones cuando se corrompen. También se erosionan cuando dejan de parecer creíbles. Y probablemente ahí resida uno de los problemas más profundos y peligrosos que atraviesan hoy muchas democracias: la creciente percepción de que los poderes del Estado ya no actúan con la distancia, la prudencia y la independencia que deberían caracterizarlos, sino desde espacios cada vez más contaminados por intereses cruzados, estrategias partidistas y luchas de influencia que la ciudadanía contempla con desconcierto, cansancio y una desconfianza creciente.
Cada cierto tiempo emerge un nuevo caso político o judicial que reabre el debate. No importa demasiado el nombre concreto, el partido afectado o incluso el desenlace final. Lo verdaderamente relevante es el efecto acumulativo que producen determinadas actuaciones, filtraciones, imputaciones mediáticas, absoluciones tardías o decisiones judiciales aparentemente contradictorias. Porque más allá de los procedimientos, lo que queda instalado en buena parte de la opinión pública es la sensación de arbitrariedad.
No hace falta cuestionar el Estado de Derecho para advertir que algo falla cuando decisiones similares reciben tratamientos radicalmente distintos dependiendo del contexto político, mediático o territorial en el que se produzcan. Tampoco hace falta ser jurista para percibir cómo determinados procesos parecen........