Que digo yo que no era necesario hacernos sufrir tanto

Aficionados siguiendo el partido en el centro de Elche el pasado sábado. / Áxel Álvarez

Hay partidos de fútbol, y luego está lo que vivimos el pasado sábado durante el encuentro Girona - Elche CF, que no fue exactamente un encuentro deportivo, qué va, más bien fue una experiencia cercana a la muerte, una especie de simulacro de apocalipsis emocional organizado para comprobar hasta qué punto puede resistir el corazón humano antes de convertirse en una pasa, porque una cosa es sufrir, pero lo del otro día fue innecesario, completamente innecesario, no había ninguna obligación moral, deportiva ni espiritual de hacernos pasar semejante colección de nervios, ansiedad, desesperación y microinfartos consecutivos, ninguna, y sin embargo, allí estábamos todos: agarrados al asiento, mirando el reloj cada doce segundos, negociando con entidades divinas que normalmente la mayoría no visitan desde que hicieron la comunión y pasando más miedo que estando metidos en una cabina telefónica con Freddy Krueger.

Me dispuse a ver el inicio del partido con ese optimismo ingenuo que caracteriza al ser humano antes de que ocurra una tragedia, las pipas preparadas, la cerveza en la mesa, la televisión y el transistor puestos para seguir todos los partidos a la vez, por lo de las combinaciones de resultados y un mensaje claro en la mente: «Hoy ganamos», «esto lo sacamos adelante», claro que sí, hay que ser positivos, a la vez que pensaba que el Titanic iba perfectamente hasta que apareció el iceberg.

Piiiiii, comenzó el partido, minutos de tanteo, tuya mía, tuya mía y para atrás, lo cual ya hacía presagiar que sufrir, lo que era sufrir, nos íbamos a hartar, pases sencillos convertidos en ejercicios de supervivencia, despejes hacia ninguna parte y esa maravillosa sensación colectiva de que cualquier balón dividido podía terminar en un drama griego, el partido prometía intensidad, emociones y espectáculo, pero nadie avisó de que el espectáculo incluiría taquicardias gratuitas. Pasaban los minutos, los nervios aún estaban templados y en estas estábamos cuando a través de un centro lateral se cuelga un balón al área del Girona, este llega a Álvaro, le da tres toques, se lo coloca para........

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