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Una provincia ejemplar (en negativo)

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19.04.2026

El diputado de Vox por Alicante José María Sánchez García denuncia insultos de "asesino y criminal" de otro parlamentario en el Congreso

El diputado de Vox por Alicante José María Sánchez García denuncia insultos de "asesino y criminal" de otro parlamentario en el Congreso / Europa Press

Somos lo mejor de lo mejor. No nos libramos de ninguna. Se organiza un cacao maravillao en una caja de ahorros y ahí estábamos nosotros; un fregado con reservado y copas incluidas durante la Dana y somos portada nacional; un presidente de la Cámara detenido por delitos de corrupción (supuestos, de momento) y allá vamos. Ahora el diputado de Vox que igualó esta semana en modales al golpista Tejero y a punto estuvo de sacudir al presidente en funciones de las Cortes, ¿de dónde es? De Alicante. Genial. Hasta la picaresca de tercera división de Les Naus es típicamente alicantina si leemos o escuchamos los medios de comunicación de la meseta.

Aunque en realidad el tal Sánchez, diputado de Vox, más que alicantino es lo que se llama en política un paracaidista, es decir que no tiene ninguna relación con la provincia más allá de que su partido le haya lanzado aquí. O sea, encima que no es de Alicante, que en su currículum no consta que haya estado ni un ratito en estas tierras más allá de vacaciones y que seguramente no sepa ni cómo se llaman los castillos de la capital, nos comemos su reputación y la añadimos a la heredada en los últimos tiempos. Lo que digo, nos ha tocado la lotería.

Es una lata que nuestro nivel reputacional esté al nivel de Idi Amin, exdictador y (supuesto) caníbal de Uganda. No es extraño que hace años un insigne escritor valenciano, Rafael Chirbes, escribiera «Crematorio», que ejemplarizaba en nuestra terreta toda la corrupción nacional del ladrillo. Toda. En la serie los personajes son perfectamente reconocibles, no hay que ser experto en desencriptar máquinas «Enigma», pero no son privativos de Alicante, los hay en cualquier rincón de España donde especular sea buen negocio.

Desde una perspectiva puramente de comunicación somos un ejemplo negativo de primer orden. No se puede tener más mala suerte, somos el «pupas» de las provincias españolas, de tal forma que en los archivos de cualquier tele o periódico tienen disponible un voluminoso dossier de casos pasados que adjuntar a cualquier información que surja. Se lo ponemos fácil porque va una detrás de otra. ¿El Levante feliz? Y un jamón con chorreras.

Esta provincia ha dado escritores como Gabriel Miró, Azorín, Miguel Hernández o Carlos Arniches, pintores como Eusebio Sempere o músicos como Oscar Esplá. Esa es la fama que potencia una provincia, pero, desgraciadamente, están ya muy lejos en el tiempo y con ellos no se abren telediarios. Hay personajes alicantinos de relieve, pero algunos de los que nos significan ahora mismo no nos dignifican, sino todo lo contrario.

Insisto: quiero creer que es mala suerte y no que existen genes o una bacteria que infecta lo alicantino, pero es para llorar inconsolablemente como el ciego del verso de Carriego, ese que lloraba al oír moler tangos en «El último organito».

Todas las provincias tienen sus garbanzos negros. No será cómodo para los gallegos tener entre sus filas a Romasanta, el «hombre lobo de Allariz», pero no he visto convertir en virales sus fechorías. Algunos de los nuestros, en cambio, son trending topic.

La mejor solución sería renegar de ellos. Igual que la Diputación nombra hijos adoptivos o predilectos de la provincia podría estudiar la idea de nombrar hijos bastardos o espurios. O encontrar la fórmula para desterrarlos, de tal forma que si en un telediario se hablara de mala praxis durante una catástrofe (por ser suave) no se citara al alicantino M. sino que su provincia de nacimiento desapareciera como por ensalmo.

Ya que no parece haber interés en crear lobbys alicantinos que vendan en España nuestras ventajas competitivas, que son muchas, a lo mejor deberíamos fundar «lobbys tippex» que borraran malas famas. O eso o nos acostumbramos a tragarnos un sapo cada vez que hazañas locales se convierten en desastres nacionales.

Tampoco estaría de más que no se les rieran las gracias simplemente por ser vecinos, que pasa mucho, como si no tuviera importancia lo que hacen por ser de playa de San Juan o de Tollos. El paisanaje a veces tiene estas cosas de mesa camilla provinciana, que lo de los cercanos sólo nos parece escandaloso cuando lo trata un medio nacional.

Duele mucho cuando la provincia de Alicante, que es espectacular desde un punto de vista económico y empresarial, por ejemplo, es tratada como un vademécum de modelos pintorescos.

Como habrán advertido -y si no se lo explico yo, que para eso estamos- estoy caricaturizando, dibujando con brocha muy gorda una realidad grotesca que no es tan así, aunque algunos puedan ver la foto deformada y no la real. Deberíamos ser modelo de buena praxis y ejemplo de provincias, porque tenemos mucho y muy bueno, pero a cambio, no sólo no nos vendemos bien, sino que encima hay quienes tiran por tierra lo conseguido.

Y, francamente, la reputación es lo único que tenemos. Cuesta un congo lograrla y basta un minuto para perderla.

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