Cámara: Una institución tóxica. Unas elecciones viciadas

Carlos Baño, en la sede de la Cámara de Alicante. / ALEX DOMINGUEZ

Las instituciones responden a la idiosincrasia de quien las maneja. Ya lo dice el refrán: de padres cerdos, hijos cochinos o de padres gatos, hijos mininos, como prefieran. Cierto y verdad es que yo pensaba, ingenuo de mí, que algunas entidades estaban por encima de quienes, por azar o por cálculo político de alguno, las podían dirigir. Creía yo, ¡qué error, qué inmenso error!, que la historia y la trayectoria las vacunaban de todo riesgo. No es así: hay seres tan tóxicos que envenenan lo que tocan y reducen a cenizas el pasado.

Las elecciones en la Cámara de Comercio se celebran cada cuatro años, pero en esta ocasión las candidaturas han brillado por su ausencia. He vivido muchas elecciones camerales en primera línea de fuego -siete, si no recuerdo mal- y siempre había cola de empresarios que deseaban entrar en el pleno y se molestaban en buscar avales y firmas para concurrir a las elecciones en el grupo indicado, lo que no solía ser fácil. Ahora ya no. ¿Para qué? Si el único candidato a presidente es un detenido investigado por delitos de estafa y fraude, no es de extrañar que nadie serio quiera ligar su prestigio a tal quilombo. Una entidad........

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