Camarero se retrata

La vicepresidenta de la Generalitat, Susana Camarero, durante su intervención en el pleno de Las Cortes. / Manuel Lillo

Hay frases que parecen un error, pero que son en realidad una revelación. Cuando una responsable pública cruza cierto umbral verbal, ya no basta hablar de lapsus, calentón o exceso, porque lo que aparece es algo más incómodo: un estilo. Y eso es lo que ha ocurrido con Susana Camarero, consellera de Igualdad de la Generalitat Valenciana.

Este jueves, en el pleno de Les Corts Valencianes, Camarero llegó a afirmar desde la tribuna que el Gobierno de España estaba lleno de prostitutas.

No es una recién llegada ni una agitadora marginal. Es una política veterana del PP, con larga trayectoria institucional y responsabilidades precisamente en igualdad y servicios sociales. Por eso resulta aún más grave escucharle decir algo así en público, incompatible con la responsabilidad que dice representar.

Su papel como número dos del Consell durante la crisis de la DANA ya había acentuado su imagen de dirigente defensiva y de aparato. Hasta entonces, Camarero se había asentado como una política de argumentario, más defensiva que transparente y poco inclinada a la autocrítica. Pero ese perfil se hizo aún más visible porque su forma de hablar en público pasó de parecer institucional a mostrarse excesivamente cerrada, rígida y poco creíble. Su serenidad se alejó aún más de lo emocional para parapetarse tras una dureza calculadora y burocrática.

Según parece, Camarero «matizó» su declaración sosteniendo que se refería a los casos vinculados al PSOE, Ábalos y Koldo, no a «a las mujeres del Gobierno» en bloque. Pero eso no la exculpa porque usó en sede parlamentaria una expresión grosera y degradante. Su metedura de pata refuerza la imagen de una dirigente que, cuando entra en confrontación, prioriza el cierre de filas y la descalificación del adversario, aunque el precio sea deteriorar su propia credibilidad pública.

Este episodio resume bastante bien el problema público de Camarero: no parece una política que pierda el control porque sí, sino una dirigente que en la confrontación verbal se siente autorizada a ir demasiado lejos. Más que un exceso verbal o un simple tropiezo inocente, su frase subraya la forma que tiene de intervenir basada en la descalificación gruesa y la impunidad retórica.

Hay políticos que se equivocan al hablar y políticos que, al hablar, se delatan. Lo de Camarero pertenece a lo segundo: no sufrió un tropiezo, enseñó un estilo. Y su estilo es el de la bronca envuelta en cargo oficial.

Suscríbete para seguir leyendo


© Información