Aplauden al Papa y firman la discriminación cuando creen que Dios no mira

El Papa León XIV, en el Congreso de los Diputados. Abascal, Vox. / José Luis Roca

La política española ha descubierto una nueva especialidad olímpica: aplaudir al Papa con una mano y firmar la discriminación con la otra. Requiere flexibilidad moral, entrenamiento cervical y una notable capacidad para que la conciencia no haga ruido en mitad del hemiciclo. No todos pueden hacerlo. Hay quien, por simple torpeza ética, escucha un discurso sobre la dignidad de los inmigrantes y se siente interpelado. La derecha española, más atlética, escucha lo mismo, se levanta, aplaude y luego vuelve tranquilamente a la oficina a ordenar las prioridades nacionales, que es como ahora se llama a cerrar la puerta procurando que no chirríe demasiado.

El papa León XIV habló en el Congreso de los Diputados con esa serenidad peligrosa de quienes aún creen que las palabras significan algo. Dijo, más o menos, que el drama migratorio exige mirar a las personas, ofrecer protección, acogida e integración. Nada particularmente revolucionario, salvo para quienes han convertido el Evangelio en un folleto de comunidad de propietarios. Allí estaban muchos dirigentes de la derecha y la ultraderecha, muy compuestos, escuchando aquello de la dignidad humana con la expresión grave de quien oye misa, pero ha dejado la misericordia en el coche oficial. Alberto Núñez........

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