Por un fútbol menos cavernícola

Alexia Putellas se despide del Barça: “Una historia perfecta”

Fue en Oliver y Benji, emitida a lo largo de los noventa, donde muchos niños y niñas nos enganchamos a la épica del fútbol. También fue la serie en la que vimos un bofetón a una mujer y observábamos siempre a todo personaje femenino (aquí no había “pinkwhasing” de ningún tipo) siempre en los márgenes del campo, animando, llorando, sufriendo o preguntando dramáticamente aleladas qué estaba pasando. Nadie, en su sano juicio, habría querido ser una de ellas.

Recuerdo los ratos que pasé hipnotizada con episodios de césped interminable imaginando, en mi lógica infantil y escapista, que no pertenecía al grupo del personaje abofeteado sino al de los “magos del balón”.

Decía Ana María Matute que “tal vez la infancia es más larga que la vida”. Uno de los recuerdos más nítidos y palpables que tengo del colegio es la desazón al ver cómo los niños a los que María y yo toreábamos con el esférico reventadísimo en el patio podían conjuntarse para jugar al fútbol de verdad por las tardes, mientras las niñas de ese pueblo dedicaban horas al baile, la música, los idiomas o cualquier otro deporte de “chicas”. Suena decimonónico porque lo era.También fue en ese patio donde descubrimos (más o menos) lo que significaba........

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