La belleza de la duda |
Director: Paolo Sorrentino
Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Milvia Marigliano
El cine de Sorrentino siempre es sinónimo de calidad e inteligencia. A sus afilados diálogos hay que añadir unas imágenes casi siempre insólitas. El director italiano todavía es capaz de crear algo nunca visto dentro de su iconografía, que no disimula su querencia por el barroco. Si a ello sumamos una música memorable, el resultado no puede ser más motivador.
En La grazia vuelve a contar con su actor fetiche, Toni Servillo, y la dupla es imbatible. Esta vez encarna a Mariano de Santis, un presidente de la República de Italia en retirada, al que le quedan seis meses para abandonar el Palacio del Quirinal, en los que debe decidir si firma la ley de la eutanasia. «Si no firmo, soy un torturador. Si firmo, soy un asesino».
La grazia indaga sobre el tema de la incertidumbre. Más que dar respuestas, lanza preguntas, como aquella con la que arranca el filme: «¿De quién son nuestros días?». Para Sorrentino, la decisión no nace de la convicción absoluta, sino de la aceptación de la incertidumbre. Por eso remata afirmando que «la gracia es la belleza de la duda». Pero no realiza una película incomprensible y filosófica. Nunca esconde su sentido del humor, ni siquiera cuando crea imágenes tan potentes como aquella en la que vemos al presidente portugués atravesando el patio del Quirinal bajo una lluvia súbita, mientras la alfombra roja se agita y lo engulle a cámara lenta. Eso es cine con mayúsculas.
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