Reflexiones sobre la situación actual de la educación y los problemas que expresa el profesorado |
Los profesores de Alicante se movilizan frente a los centros para reclamar mejores condiciones laborales
Los profesores de Alicante se movilizan frente a los centros para reclamar mejores condiciones laborales / Alex Domínguez
Hace unos días se ha producido una huelga del profesorado, reclamando mejoras en su situación laboral.
Desde los sindicatos se reclaman mejoras en la ratio profesor/alumno, mejoras salariales, de los protocolos ante los casos de violencia contra el profesorado, tanto física como psicológica y a través de las redes sociales, entre otras cosas. En definitiva expresaban y expresan el malestar creciente desde hace tiempo sobre su situación profesional y personal.
Quien escribe esto ha sido 10 años maestro de Primaria, 14 profesor de Secundaria y 8 inspector de Educación en el ámbito de la Comunidad valenciana.
Desde esos primeros años como maestro y paulatinamente a lo largo de los cursos, fui observando un claro deterioro de la situación del profesorado, de los maestros y maestras, empezando todo por una minusvaloración por parte de la propia administración junto con la falta de consideración de gran parte de las familias respecto del trabajo de los y las docentes; de un paulatino crecimiento de las faltas de respeto que, amparadas en una falsa sensación de libertad de expresión, o de derechos del alumnado, iban socavando la necesaria autoridad de las maestras y maestros y en general de profesorado.
Se hicieron necesarias normas para tratar de atajar casos de faltas contra la convivencia, discriminación, acosos escolares, faltas de respeto hacia los docentes… sin que ello atajara la problemática que desborda el día a día en los centros educativos.
Un proceso lento pero en aumento, que a veces desemboca en agresiones físicas, muchas otras en agresiones verbales que dan lugar a una desmotivación creciente entre las plantillas de los centros.
A todo esto, la administración lo que suele hacer es recurrir en casos graves (todos lo son, pero quedan silenciados por el día a día) a los informes de la inspección educativa, que determina en todo caso si se aplicaron bien las normas, si los documentos están bien elaborados o si se habló con las familias para detener o solventar los problemas que surgen día sí y día también y que los equipos directivos deben tratar de solucionar, además de impartir docencia. Hay que señalar que los equipos directivos sufren a diario la presión tanto por la administración responsable como por el profesorado, alumnado más conflictivo y sus respectivas familias, sin tener una preparación previa, ni herramientas ni mecanismos para afrontar la complejidad de su trabajo. No existe un cuerpo de directores con amplias competencias para tomar decisiones que simplifiquen o que sean capaces de dar respuesta a todas las tareas habituales más las que sobrevienen de un clima escolar muchas veces tóxico.
Dicho esto quiero también expresar que no todo es así en todos los centros ni en todos los casos. Muchos centros son magníficos ejemplos de convivencia, de buen hacer, de alumnado que responde a las exigencias de su tarea, que disfruta de los derechos contemplados en la legislación y que asume los deberes propios, centros en los que "se trabaja bien".
Una de las protestas de los profesores de esta semana en Alicante / ALEX DOMINGUEZ
Deberíamos analizar, qué cosas fallan, que funciona bien, y de verdad apostar por una educación pública a la altura de lo que se necesita y merecemos como ciudadanos en una democracia avanzada. Debemos analizar, hallar aquello que no funciona y poner sentido común, para resolver los problemas que se plantean desde las propuestas del profesorado, escuchar a todas las partes implicadas, y sin complejos de ningún tipo, apostar por la mejora continua del sistema educativo, aportando recursos materiales, pero también recursos humanos, en una tarea difícil pero no imposible. Creo que en educación hay demasiada teorización, que se ha perdido el foco de lo que significa para una sociedad, de lo que significa, y creo que hay que buscar el equilibrio entre el pragmatismo y el humanismo que entronca con el hecho de transmitir no solamente conocimiento, sino también una forma de relacionarse en sociedad.
Yo siempre trataba de transmitir a los centros bajo mi responsabilidad como inspector, que cualquiera de ellos debería ser "el mejor" centro del mundo, que trabajando para conseguir ese objetivo mejoraríamos el total del sistema; pero para ello hacen falta condiciones mínimas y la tarea es responsabilidad del conjunto de actores implicados en ello. Ardua tarea para un país.
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