Elche en 1888: la ciudad que quería avanzar mientras enfermaba

Recreación de cómo sería el antiguo Mercado de Abastos situado en la actual Plaza de las Flores / Antonio J. Rodríguez Soler

Elche vivió 1888 como una ciudad llena de contrastes. La prensa de la época hablaba de obras, de fiestas, de proyectos de mejora, de visitantes que llegaban atraídos por los palmerales y de una población que quería verse a sí misma como moderna. Pero, al mismo tiempo, aquellas mismas páginas dejaban ver una realidad bastante menos amable: el campo sufría, las cosechas se perdían, los jornaleros quedaban expuestos a la miseria y el paludismo se extendía con una fuerza inquietante.

Ese contraste fue, quizá, lo que mejor definió al Elche de aquel año. Por un lado, se inauguraba el nuevo Mercado de Abastos, situado en la actual Plaza de las Flores, se anunciaban gestiones para el alumbrado eléctrico y se hablaba de construir un lavadero público. Todo eso sonaba a avance, a higiene, a ciudad que quería dejar atrás viejas incomodidades. El nuevo Mercado de Abastos venía a sustituir espacios poco adecuados para la venta de alimentos, y su inauguración tuvo música, campanas, discursos, fuegos artificiales y reparto de comida entre los pobres. Era una escena muy de la época: progreso urbano, ceremonia pública y beneficencia mezclados en una misma fotografía.

Pero fuera de ese ambiente festivo, el término ilicitano mostraba otra cara. Las lluvias, los temporales y el exceso de humedad habían golpeado con dureza al campo. Se hablaba de daños en cereales, legumbres, dátiles, almendras y olivas. La cosecha de dátiles, una de las riquezas más propias de Elche, aparecía en algunos momentos casi perdida. Y cuando el campo sufría, no sufrían todos por igual. Los propietarios podían perder dinero, pero los jornaleros perdían el jornal, que era casi lo mismo que perder el pan.

La cuestión del........

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