No a la guerra, no al servilismo… no a la política indigna |
Hay momentos en la historia que definen a un pueblo y a sus líderes. Vivimos un tiempo convulso, atravesamos un cambio de época en el que ya sobran datos para confirmar —sin exageración alguna— que nos jugamos nada menos que vivir en democracia, sometidos a reglas, obligaciones y derechos, o bien un futuro (inminente) autocrático, sometido a la ley del más fuerte, con el trampantojo de elecciones cada cuatro años pero con Gobiernos incapaces de regular nada, de frenar el poder insaciable de una minoría de tecnojetas que dedican cantidades millonarias a financiar movimientos extremistas y a sembrar el odio desde redes y pseudomedios.
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