La capillita

León XIV ha visitado España y ha dejado algunos mensajes emocionantes, señalando algunas de las principales fallas de nuestro sistema de misericordia e intentando poner parches a las grandes dejaciones de la Iglesia que representa. Ha estado muy bien que denunciara la falta de caridad con los migrantes; la insoportable visión del Mediterráneo y del Atlántico como grandes fosas comunes de seres humanos propiciadas por nuestra indiferencia. Ha sido espléndido su reproche a todos quienes no solo miran a otro lado, sino que buscan con saña la manera de arrojar lo más lejos posible, de abandonar a su suerte a niños, mujeres y hombres que huyen de su vida inviable y buscan un futuro.

También es verdad que ha mostrado grandes lagunas: su abrazo a las víctimas de la pederastia por parte de los clérigos ha sido insuficiente y demasiado medido. Apenas una tibia admonición a su equipo de obispos y cardenales; la omisión del colectivo LGTBI, muy evidente. En cuanto a la mujer, alguna reflexión insuficiente sobre la violencia de género y la constatación, una vez más, de que en la gran empresa que fundó San Pedro en su día, la mujer no pasará nunca de ser poco más que auxiliar administrativa en el mejor de los casos. Por supuesto, y en función de los criterios seculares que representa, el aborto o la eutanasia no entran en el guion. Nadie esperaba lo contrario.

Aun así, los mensajes positivos que ha planteado el pontífice son de valorar e incluso pueden empalidecer en ciertos momentos estas dejaciones. El papa ha traducido el mensaje de las bienaventuranzas al lenguaje actual, sintetizándolas en el reconocimiento del sufrimiento, de la impotencia y el dolor por la agresión a los Derechos Humanos, que deben ser el criterio que guíe hoy a quienes se dicen cristianos. No dudo que Jesucristo sería una activista a bordo de una flotilla rumbo a Gaza; defendiendo el Amazonas con los pueblos originarios; arrojando a los mercenarios del ciberespacio o enfrentándose sin contemplaciones a un Donald Trump que representa la conculcación de los valores del Evangelio.

No dudo que Jesucristo sería una activista a bordo de una flotilla rumbo a Gaza; defendiendo el Amazonas con los pueblos originarios; arrojando a los mercenarios del ciberespacio o enfrentándose sin contemplaciones a un Trump que representa la conculcación de los valores del Evangelio

No dudo que Jesucristo sería una activista a bordo de una flotilla rumbo a Gaza; defendiendo el Amazonas con los pueblos originarios; arrojando a los mercenarios del ciberespacio o enfrentándose sin contemplaciones a un Trump que representa la conculcación de........

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