Nada que curar, mucho que celebrar

Muchas personas LGTBI hemos crecido pensando que estábamos enfermas. Que nuestra identidad era un error que debía ser corregido.

Ese pensamiento tan tóxico que durante años no paró de crecer en nuestro interior nos ha hecho vivir parte de nuestras infancias y adolescencias con una mochila muy pesada llena de culpa, de vergüenza, de miedo y de soledad.

Algunas de esas personas, bien empujadas por sus familias o por su propia voluntad -una voluntad evidentemente adulterada y manipulada- han caído en las mal llamadas terapias de conversión. Esas prácticas que no son otra cosa que una tortura que pretende arrancarnos los más digno y primitivo que tenemos, que es ser quienes somos.

“¿Pero eso todavía se hace?” Es la pregunta que muchos ciudadanos se hacen espantados cuando se enteran de que estas prácticas se siguen llevando a cabo. En el imaginario de la inmensa mayoría de nuestro país no está que estas aberraciones ocurran en pleno 2026. Un indicador positivo que nos dice que, como sociedad, tenemos perfectamente asumido que las personas LGTBI no necesitamos ser curadas, modificadas o reconducidas.

La mera prohibición de las terapias, que ya existía en nuestro país desde la aprobación de la Ley LGTBI y Trans, era insuficiente. La falta de voluntad de la administración dejaba en muchos casos........

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