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En defensa del pantalón corto

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Hay consensos sociales que uno entiende. Dejar salir antes de entrar. Preguntar si alguien quiere la última croqueta. Quedarse quieto a la derecha en las escaleras mecánicas. Hay otros que empiezan a ser difíciles de justificar. Uno de ellos es la obsesión con que los hombres vayan con pantalón largo a trabajar aunque haga 39 grados en la calle.

Porque sí: hace calor. Mucho calor. Y no, no es “lo normal en verano” porque ni siquiera estamos en verano. Se llama cambio climático y hace que el calor extremo llegue más temprano y sea más intenso y duradero. El verano ya no espera tranquilamente a julio, ahora invade junio, le da un mordisco a mayo y amenaza con quedarse hasta octubre como quien no quiere la cosa.

En paralelo a las medidas de mitigación, las destinadas a atacar las causas del cambio climático y reducir emisiones contaminantes, hay que desarrollar medidas de adaptación. Ajustar nuestras ciudades, nuestras costumbres y nuestra forma de vida a una realidad que ya está aquí. El calor extremo no es una profecía, no es una amenaza del futuro, es algo que está entre nosotros. Y el cuerpo lo nota.

Se nota en la salud. Se nota en el descanso. Se nota en el humor. En esa sensación de agotamiento permanente que........

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