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Los sueños de una niña futbolista en Níger

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11.10.2019

Pascaline, 13 años, vive con sus padres entre paredes de adobe en un espacio no mayor de 12 metros cuadrados. Cuando sopla un viento fuerte, el tejado hace que las paredes se sacudan. Los tres comparten la única habitación de la casa, en la que hay dos camas, un ventilador, una vieja televisión y una nevera. Sus únicas pertenencias.

La familia vive en Lacouroussou, un barrio pobre de Niamey, capital de Níger. Ha vivido días en los que no había nada para comer en la casa. Los vecinos dicen que la vida es difícil ahí. “Hay poco trabajo, si llueve todo se inunda, vivimos en casas hacinados y hemos visto cómo cada vez más niñas caen en la prostitución. Es difícil para los niños crecer aquí”.

La infancia tampoco ha sido fácil para Pascaline. Sin embargo, en su mirada no hay lugar para la derrota. Es la más pequeña de tres hermanos, que ya no viven con ellos. Su hermana mayor se casó y tiene una peluquería en Niamey, y su hermano vive de la construcción cuando tiene trabajo.

Su madre, Biba, cocina dulces locales en la calle y los vende a los vecinos. Durante el resto del día se ocupa de la casa. Henri, el padre, era soldador, pero tuvo que trasladar su negocio y tiene pocos clientes.

La televisión está encendida. Hablan del Fútbol Club Barcelona. Pascaline se sabe el nombre de cada estrella del equipo español. Su madre suspira y sonríe cuando su hija cuenta su sueño de jugar en España o en Estados Unidos.

Pascaline no tuvo mucho tiempo para ser niña. Cuando tenía 11 años, sus padres la sacaron de la escuela debido a las dificultades económicas. “Fue duro dejar el colegio y a mis amigos. Pero lo único que me hizo feliz durante ese tiempo fue jugar al fútbol”, recuerda. “Desde que me obligaron a trasladar mi taller empecé a tener problemas en casa. La........

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