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¿Narrativas inocuas, narrativas fallidas?

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20.06.2020

Pexels

Dicen que los ojos son el espejo del alma. Pues bien, las series deben ser el espejo del alma colectiva, o algo parecido. Y aunque tampoco se pueda precisar más qué puede querer decir esto, lo cierto es que en aquello con lo que nos entretenemos habita algo de lo que somos. Bien porque lo deseamos o porque lo tememos, bien porque nos configura o porque nos identificamos con ello.

En ese sentido, llama la atención la profusión de hipérboles y la sobreabundancia de argumentos extremos en las series. Las distopías se han convertido en lo nuevo normal, hay tanta variedad de asesinos en serie como de yogur, y las peleas sangrientas a golpe de hachazo son más habituales que las rabietas infantiles fuera de la pantalla. Las familias disfuncionales se prodigan al igual que los carros en los hipermercados y las conjuras, conspiraciones, traiciones y demás intrigas maquiavélicas superan en frecuencia a los memes que originan. Las metempsicosis ocurren con la misma asiduidad que los recogidos en las peluquerías y, cuando no es el caso, su lugar lo ocupa un flagrante abundamiento de desapariciones masivas y colapsos de la humanidad.

La pregunta es qué quiere decir todo esto, si es que quiere decir algo. Nadie duda de que queramos introducir ese miedo controlado en el cuerpo que nos hace sentir vivos y que nos ayuda a poner los nuestros propios en perspectiva. La........

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