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La OTAN y los Estados Unidos (un libelo australiano)

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Donald Trump se ha lamentado quejumbrosamente varias veces de que la OTAN no haya secundado su agresión unilateral a Irán ni haya participado en el pretendido desbloqueo del estrecho de Ormuz, una medida de fuerza en contra de los iraníes pero que perturba, como es notorio a estas alturas, la geopolítica y la economía mundial.

Como es bien conocido, el artículo 5 del Tratado de Washington, que da vida a la Alianza Atlántica, armoniza el concepto de defensa colectiva de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN). Establece que un "ataque armado" contra un país miembro en Europa y Norteamérica se considerará un ataque contra toda la Alianza. Como consecuencia y en virtud del artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas sobre la legítima defensa, los miembros de la OTAN pueden ejercer las medidas necesarias, incluso el uso de la fuerza, para restaurar la paz y la seguridad.

Desde aquel hito fundacional, el artículo 5 de la OTAN solo se ha aplicado una vez, tras los ataques terroristas contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001. Aquel día, terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales: estrellaron dos en el World Trade Center en Nueva York y otro contra el Pentágono de Washington. Aunque el concepto estratégico de 1999, la hoja de ruta de la Alianza que se actualiza aproximadamente cada diez años, ya contemplaba el terrorismo como gran una amenaza, aquellos ataques marcaron un hito decisivo en la historia de Occidente.

Un día después, los dieciocho aliados de la OTAN, liderados por Estados Unidos, invocaron el artículo 5 del Tratado. Siguiendo el protocolo de actuación, el entonces secretario general, George Robertson, informó a su homólogo en Naciones Unidas y a continuación el Consejo del Atlántico Norte planteó que se procedería a aplicar el artículo 5 si se confirmaba que el ataque provenía del exterior. Finalmente, el 2 de octubre se aprobó la propuesta y la OTAN lanzó por primera vez en su historia dos operaciones antiterroristas: Eagle Assist, en el espacio aéreo estadounidense, y Active Endeavour, en el Mediterráneo.

Los atentados fueron atribuidos sin lugar a dudas a Al Qaeda, la organización terrorista encabezada por Osama Bin Laden, que encontraba cobijo y protección en Afganistán, un país gobernado por los talibanes islamistas. Al Qaeda ya había atentado anteriormente contra diversos intereses estadounidenses en el mundo, como los ataques a las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en 1998 y el atentado contra el USS Cole en el 2000.

Convencidos de aquella autoría, el 7 de octubre de 2001 los Estados Unidos y sus aliados iniciaron la Operación Libertad Duradera que logró la expulsión de los talibanes y sus aliados del gobierno; la coalición liderada por Estados Unidos permaneció en Afganistán, y logró que las Naciones Unidas avalaran dicha invasión. Poco después, la ONU entregó el control de la misión militar a la OTAN, que a su vez formó una misión de seguridad (ISAF) con el objetivo de crear una nueva autoridad democrática en el país que impidiera a los talibanes regresar al poder. Es decir, la OTAN, aunque fuera del territorio natural que le concierne, salió lealmente en ayuda de un país de la Alianza que había sido salvajemente agredido por el islamismo radical, cuya base más sólida era Afganistán.

Es evidente que la guerra de Irán, iniciada arbitrariamente por Trump y por Netanyahu el último día de febrero pasado con el asesinato de la cúpula gubernamental y religiosa del país, no ha sido la respuesta a una provocación, ni tenía el carácter de ultima ratio tras una conminación de desarme nuclear. Trump ni siquiera advirtió a sus socios de la OTAN de que se disponía a cometer una agresión brutal, y tan solo cuando fue manifiesto que Irán no se rendía "en cuestión de horas" como había presumido con arrogancia infinita la administración USA, Trump pidió a gritos a la OTAN su implicación en el conflicto, que en realidad había sido planeado e insistentemente reclamado por el genocida Netanhyahu en su descabellada huida hacia adelante hacia el exterminio de los palestinos y su propia exoneración por diversos delitos de corrupción.

La respuesta australiana 

La desfachatez del presidente norteamericano, que ha sido criticada incluso en el círculo de sus colaboradores próximos, ha recibido en las redes una respuesta que yo sepa anónima de un ciudadano australiano, que ha sido transcrita por un influencer llamado Jim Scroggins. He aquí el texto, traducido al español y contrastado en todos sus extremos por el autor de este artículo:

Orgullosa respuesta australiana al ladrido de Trump sobre la OTAN que "no estaba ahí para nosotros".

«Amigo, tú estás al frente de un país con 600.000 personas sin hogar durmiendo en la calle cada noche. Un país en que el 40% de los adultos no puede cubrir una emergencia de 400 dólares sin pedir dinero prestado. Un país donde la insulina cuesta más que una cuota del coche y la gente la raciona para sobrevivir. Un país donde las deudas médicas son la principal causa de quiebra personal. Un país donde las mujeres mueren en los aparcamientos de los hospitales porque los médicos tienen demasiado miedo a las leyes sobre el aborto como para tratar un aborto espontáneo».

«En términos relativos, mantienes en prisión a más ciudadanos que cualquier otra nación del mundo. Más que China. Más que Rusia. Más que Corea del Norte. La tierra de la libertad mantiene a dos millones de personas enjauladas, y una cuarta parte de ellos ni siquiera ha recibido una condena: son simplemente demasiado pobres para pagar la fianza».

«La esperanza de vida de tus ciudadanos está retrocediendo. La tuya es la única nación desarrollada en la que esto está ocurriendo. Tu tasa de mortalidad infantil es más alta que la de Cuba. Tus niños hacen simulacros de tiroteos escolares entre las clases de matemáticas e inglés, mientras tú vendes acciones de fabricantes de armas a tus amigos».

«Tu salario mínimo no se mueve desde hace quince años. Muchos de tus profesores desempeñan dos trabajos para poder mantenerse y numerosos veteranos de guerra duermen bajo los puentes, mientras acabas de dilapidar un billón de dólares para arrasar un país que no te había atacado».

«Y tú mismo eres un criminal condenado [p. ej. por falsificación de documentos en 2024], acusado de violación [por denuncias como la de E. Jean Carroll (aunque el veredicto fue por abuso sexual, no violación)], protector de pedófilos [Jeffrey Epstein], que se acuesta con actrices porno [referencia al caso de Stormy Daniels] e instigador de insurrección que culminó una desastrosa campaña electoral [alusión al asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021]».

«¿Y estás diciendo que Groenlandia está mal gobernada? Groenlandia tiene asistencia sanitaria universal. Educación gratuita. Y una de las tasas de encarcelamiento más bajas del mundo. Allí nadie se arruina por enfermarse. Nadie muere en una sala de espera porque su seguro dijo no».

«"La OTAN no estaba cuando la necesitábamos." ¿Cuándo habría sido eso exactamente, campeón? ¿El 11 de septiembre? Porque la OTAN invocó el Artículo 5 por primera y única vez en la historia por ti. Soldados de decenas de países se desplegaron, lucharon, sangraron y murieron en Afganistán por ti. Australia ni siquiera formaba parte de la OTAN pero se presentó igualmente. Durante veinte años estuvo allí. Y vosotros os fuisteis a las 2 de la madrugada sin avisar a nadie, dejando a los demás lidiar el desastre».

«Así que, quizá, antes de empezar a decir que otros países están mal gobernados, echa un vistazo a tu patio trasero, vendedor de revestimientos de aluminio bronceado con spray. Lo único mal gestionado en esta historia es tu maldita boca.»

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(El post pierde fuerza en español por la abundancia de terminología slang, pero queda, a mi entender, suficientemente expresivo).


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