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La violencia de género y el azar

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14.09.2019

Julio es el mes del año con más mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en España desde que estos crímenes empezaron a registrarse específicamente en 2003. Así lo destacaron numerosos medios de comunicación, al saldarse el pasado mes de julio con nueve mujeres víctimas mortales de violencia machista, la cifra mensual más alta en lo que va de año. En un telediario hasta se ofreció una posible causa: las vacaciones, que tal como explica una psiquiatra son una época especialmente propicia para la violencia de género, aunque no se indica en cuántos de los casos asesino y víctima realmente estaban de vacaciones, una circunstancia que tampoco se recoge en las estadísticas oficiales. También queda la duda de por qué el pico no se da entonces en el principal mes vacacional en España, agosto, que este año con una cifra de tres asesinatos se perfila precisamente como uno de los meses menos mortíferos. Podríamos pensar en otras causas, como el calor que aumenta la irascibilidad, que sin embargo no puede explicar por qué enero es el segundo peor mes, tanto de toda la serie histórica, como (por ahora) de este año con ocho casos.

Pues con especulaciones de este tipo estamos incurriendo en un tipo de error muy común –al menos fuera del ámbito científico– a la hora de interpretar datos estadísticos. Ante una mayor incidencia de asesinatos durante un intervalo de tiempo se buscan enseguida causas que expliquen por qué la violencia se intensificó o tal vez por qué las medidas de protección a las mujeres amenazadas fueron menos eficaces, pasando por alto que aparte de estos factores también hay todo tipo de casualidades que pueden determinar si una mujer entra en la macabra estadística y de ser así, en qué día de qué mes: el momento en el que el odio del agresor llega a su máxima cota, cuándo encuentra la ocasión para atacar a su víctima, si ella tiene oportunidad de escapar, si en este momento alguien pasa por ahí y acude en su ayuda, cuánto tarda en llegar la ambulancia, si una puñalada afecta un órgano vital o penetra justo al lado, etc. Este componente aleatorio nos obliga a ser cautos cuando creemos haber detectado un efecto o un patrón en los datos, como el mencionado pico de asesinatos en julio. Antes de buscarle explicaciones hay que preguntarse siempre si los datos realmente evidencian que se trata de un efecto real, o si simplemente podría ser fruto del azar, sobre todo cuando nos basamos en números de casos reducidos en términos estadísticos.

A nadie se le ocurriría buscar una causa que explique por qué al lanzar una moneda cuatro veces le ha salido tres veces ‘cara’ y solo una vez ‘cruz’,........

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