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En el epicentro del terremoto chileno

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09.11.2019

Claudio Santana via Getty ImagesProtestas en Santiago de Chile.

Los seísmos de Chile no son en esta ocasión de naturaleza geológica, sino social. Las protestas por el aumento del precio del billete de metro solo son un síntoma de un malestar más profundo. Explicar ese malestar es lo que resulta complejo: ¿priman las pensiones, la luz, el gas, los salarios o la salud? ¿Tiene más que ver con la salud democrática y la herencia cultural de la dictadura? ¿Por dónde hace agua el sistema? Patricio Cabello, investigador del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile, atiende a mis preguntas para tratar de dar sentido a una conflagración social que el presidente Sebastián Piñera intentó sofocar mediante la fuerza militar y más tarde con una remodelación cosmética del gobierno.

ANDRÉS LOMEÑA: Hay protestas y manifestaciones que llegan hasta Australia, marchas de luto por las víctimas y un sinfín de analistas políticos que quieren extrapolar el conflicto a otros contextos o atribuirse el síndrome de Casandra y afirmar: “Dije que esto ocurriría y nadie me creyó”. Lo cierto es que establecer algunos paralelismos resulta inevitable. Por ejemplo, el primer ministro de Líbano ha anunciado su dimisión tras proponer una tasa a las llamadas a través de aplicaciones como Whatsapp, pero detrás de ese impuesto se esconde el rechazo de la ciudadanía a la corrupción y a las medidas de austeridad. ¿Cuánta responsabilidad atribuye a los males endémicos de la globalización?

PATRICIO CABELLO: Naturalmente, la situación de crisis a nivel global es un factor que incide en este proceso y en la activación de una crisis política como la que se vive en Chile. Eso tal vez se da desde un punto de vista sincrónico, pero desde una perspectiva diacrónica, Chile ha arrastrado dificultades estructurales que surgieron en la dictadura y que se mantienen hasta hoy, e incluso se profundizaron en los gobiernos democráticos posteriores. Un teórico de las transiciones como Manuel Antonio Garretón ha escrito mucho sobre este proceso y sus deudas históricas. Quizás la más significativa sea la forma en que se planifica y sostiene un sistema que genera muchísima riqueza y que al mismo tiempo produce una profunda desigualdad.

En este sentido, en Chile la expresión misma de “medidas de austeridad” no tiene sentido para la mayor parte de los ciudadanos, ya que es un sistema donde no se cuenta con ese gasto, porque no es el papel del Estado en nuestro sistema. Piensa en el sistema de pensiones, donde estás obligado legalmente a pagar el 12,5 por ciento de tu sueldo a una Administradora de Fondos de Pensiones, más conocida como AFP, la que utiliza tu dinero para invertir y obtener ganancias para todos los afiliados y propietarios cuando tiene éxito, pero cuando no lo tiene, las pérdidas las paga el afiliado. Se trata entonces de un sistema de capitalización individual que no incluye ningún pilar solidario. El resultado es que al cabo de 25 años cotizando en el sistema, al jubilarse, un trabajador recibe una pensión de menos de un tercio de lo que cobraba por su trabajo antes de su jubilación.

A.L.: He visto pancartas que decían que el neoliberalismo morirá donde nació: Chile. Recuerdo a unos amigos chilenos que me decían, hace más de una década, que su país encarnaba el paradigma del neoliberalismo más salvaje, pero he visto las fauces de ese modelo neoliberal a través de teorías exógenas como la doctrina del shock. Me interesan sus reflexiones porque no estarán empañadas por las ideas preconcebidas de quienes a menudo vemos con romanticismo las protestas cuando estas se producen lejos de nuestros hogares. Hablando de los daños y delirios del neoliberalismo, el ex presidente Aznar está a favor de que la jubilación sea a los setenta años...

P.C.: La idea de Chile como un laboratorio del neoliberalismo está bastante consolidada y hay mucha evidencia para sostener esto. En los años ochenta vimos........

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