We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Unos centímetros de hipocresía

1 0 0
10.06.2019

La organización suiza Terre Des Femmes (especializada en los derechos humanos y en específico, la igualdad de género) lanzó hace un par de años una campaña en la que mostraba el escote de una mujer, la figura de una chica en minifalda y unos pies desnudos. El trío de imágenes incluye una escala que mide lo que parece ser los prejuicios que la ropa puede despertar: la extraña medición va desde la palabra “puritana” hasta la consabida “puta”. Como si se tratara de una perversa comprensión del prejuicio desde un punto de vista muy directo, la campaña hizo énfasis en la retorcida costumbre de medir el valor — la respetabilidad, la moral — de una mujer a través de su ropa. Pero además de eso, la campaña logró demostrar hasta qué punto la sociedad encuentra obsesionada no sólo con el comportamiento social de la mujer, sino además con la necesidad de ejercer control sobre ella. Con unas cuantas imágenes bien escogidas, la organización logró cuestionar la manera como nuestra cultura pondera sobre la imagen femenina y más allá de eso, las implicaciones de la obligación social con que la tradición intenta reglar la conducta femenina.

Por supuesto, no es un fenómeno que resulte desconocido para cualquier mujer. Aprendemos desde muy jóvenes que nuestro continente adolescente y machista juzga la identidad femenina a través de una serie de prejuicios confusos que se relacionan directamente con el menosprecio hacia la individualidad. Al menos, yo lo descubrí muy pronto: Cuando tenía dieciséis años, un hombre me siguió a lo largo de varias calles mientras me susurraba insinuaciones sexuales e intentaba tocarme. Cuando le reclamé su comportamiento, me dio un violento empujón que casi me hace caer al piso.

— ¿Qué piensas que te van a decir si te vistes así? — me gritó — ¡Pareces una puta!

¿Así? me pregunté aterrorizada: llevaba la descolorida falda de tela azul del colegio unos centímetros por encima de la rodilla, pero al parecer, eso era suficiente para parecer provocadora e incluso, ponerme en riesgo de una agresión real. O eso fue lo que dejó muy claro no sólo la actitud del........

© HuffPost