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Manual de uso para la soltera sin hijos

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26.08.2019

El instinto maternal siempre me ha parecido un misterio inexplicable. No sólo porque no lo sentido jamás — lo cual me hace preguntarme si hay algo malo en mí — sino porque además, parece ser parte de un impulso abstracto que nadie puede explicar muy bien. Claro está, vivir en un país donde la maternidad se idealiza hace que te preguntes con frecuencia en qué consiste exactamente esa presunción sobre el comportamiento femenino. Ese supuesta inclinación natural que toda mujer debe sentir por razones biológicas poco claras y que provocan que tengas una inmediata inclinación por la concepción y la crianza. ¿Realmente la maternidad puede resumirse en un reflejo acondicionado y primitivo sin ningún tipo de consideración intelectual? ¿Todo lo que supone concebir y educar un hijo puede simplificarse de esa manera?

Hace un par de años, la socióloga Orna Donath se cuestionó lo mismo y decidió preguntar a un grupo de madres si se habían arrepentido antes o después, de haber tenido un hijo. La respuesta general le sorprendió y provocó que Donath escribiera el libro Madres arrepentidas (Random House Mondadori) que causó revuelo mundial y cuestionó quizás por primera vez, la percepción general sobre lo que el instinto maternal. Dorath encontró no sólo testimonios pormenorizados sobre mujeres arrepentidas y frustradas por la maternidad, sino un elemento común que relacionaba todas las experiencias: el desencanto generado por las expectativas insatisfechas. Para la escritora era de enorme importancia demostrar que la presión social puede crear una noción sobre lo materno muy relacionada con la identidad y la percepción de la mujer como individuo. El resultado es una confusión de metas y objetivos que someten a la mujer a todo tipo de presiones sociales y culturales de las que pocas veces puede escapar indemne.

La investigación nació de su experiencia personal: durante toda su vida a Donath le preocupó la percepción negativa de la mujer que se niega a ser madre y que opta por opciones poco convencionales en una sociedad restrictiva. Su manera profunda de concebir la maternidad como un hecho global y una experiencia de por vida, convirtieron su investigación en una búsqueda de respuestas a la insistencia cultural que obliga a tomar la decisión de la maternidad por razones poco claras. ¿Qué ocurre cuando se decide ser madre sólo porque es lo que la sociedad espera de una mujer adulta?

El planteamiento de la doctora Donath me resulta muy familiar, no sólo por las veces en que he tenido que lidiar con un incómodo cuestionamiento sobre mis decisiones personales, sino además por el mero hecho que en Venezuela resulta inconcebible que una mujer decida no tener hijos. Se trata de una actitud que minimiza la opinión femenina en beneficio de un patrón moral conservador que abarca cada aspecto de la vida de la mujer. El triunfo social directamente relacionado con la capacidad biológica de concebir — o no — y por supuesto, el enigmático instinto maternal.

—Toda mujer quiere y necesita tener hijos — me insistió hace un amigo hace poco, cuando intenté explicarle que la maternidad no está en mis planes futuros a mediano o corto plazo —.  Cuando tengas los tuyos, cambiarás de opinión.
 — No lo haré. No soy maternal.
 — Eso no puede ser — me insiste.
 — ¿Por qué?
 — Porque no es natural.
 — Para mí lo es.
 — Las mujeres tienen una natural inclinación por la crianza — me explica con enorme consideración mi amigo —,  recuerda: todas son madres en potencia. Y la naturaleza, en toda su sabiduría, las........

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