We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

La voz de todas las víctimas: la importancia del libro 'Know my name' de Chanel Miller

1 0 0
07.10.2019

En el año 2015 un juez condenó a seis meses de cárcel al exalumno de Oxford Brock Allen Turner al encontrarlo culpable de violar por veinte minutos a una mujer inconsciente detrás de un contenedor de basura. El caso se convirtió en un debate en redes sobre los extremos de la cultura de la violación y la defensa de los derechos de la víctima, cuando el juez no sólo mostró una insólita indulgencia al condenar a Turner — a pesar de los tres cargos de abuso sexual en su contra — sino que además, aceptó una carta del padre del agresor como parte de la defensa. En el texto, el padre de Turner ignora por completo los cargos que se le imputan a su hijo y además, insiste en minimizar lo ocurrido de todas las maneras a su alcance. En algunas partes de la carta, se lamenta que su hijo — a quien describe como un chico “formidable” — ya no esté interesado en la “parrilla y los filetes de cerdo” que tanto le gustaban “a pesar de ser un gran cocinero”, y que su “tristeza” es un alto precio a pagar por “veinte minutos de acción”.

“Veinte minutos de acción”. El hipotético lector puede hacer un sencillo y escalofriante cálculo: tome su reloj y mida ese lapso de tiempo. Ahora piense en lo siguiente: durante todo ese tiempo una mujer perdió por completo el control de su cuerpo. Durante esos veinte interminables minutos, fue vejada, usada, violentada, agredida a límites oprobiosos. Veinte minutos en los que no pudo resistirse a lo que sea que Brock Turner hizo con su cuerpo. Veinte minutos en que se convirtió en un objeto sexual. Veinte minutos en que no pudo luchar ni tampoco evitar ser violada. Una idea repulsiva y desconcertante sobre la manera en la que se percibe la agresión sexual y sobre todo, las implicaciones que puede tener.

La víctima “la mujer inconsciente”, por entonces no era otra cosa que un elemento dentro de un crimen sórdido. El anonimato intentó proteger a la víctima. O al menos, esa fue la primera intención de buena parte de los medios de comunicación estadounidenses que ocultaron su identidad. Hasta hace poco menos de dos meses nadie conocía el nombre de Chanel Miller, pero sí la espantosa historia a la que había sobrevivido. No sólo fue la víctima de Turner, sino también de la opinión publica que la señaló, la estigmatizó y cuestionó. Por entonces, el seudónimo Emily Doe intentó brindar a Chanel la oportunidad de contar su historia sin tener que sufrir la inevitable revictimización que cualquier víctima de agresión sufre de una forma u otra una vez que admite la tragedia que vivió. Emily Doe se convirtió en una voz que reflejó a una nueva dimensión el dolor de las mujeres violadas y silenciadas por un sistema que acentúa la violencia casi de manera sistemática.

Pero mucho más que eso, la historia de Emily Doe debía ser contada en toda su crudeza: publicada originalmente por la página Buzzfeed la carta en la que contaba no sólo la agresión, sino todo que ocurrió después, fue compartida al menos 15 millones de veces, leída en el Congreso estadounidense y,........

© HuffPost