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La víctima y la cultura que la culpabiliza: la importancia de la serie 'Unbelievable' de Netflix

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23.09.2019

Una de mis amigas fue violada cuando era una adolescente. Lo hizo un amigo cercano, que le amenazó con un cuchillo en su propia casa y la encerró en la habitación de sus padres para agredirla. Unas horas después, cuando ella decidió acudir a la policía de mi país (Venezuela) para denunciar el crimen, le atendió un agente que le miró de arriba a abajo, con una media sonrisa aburrida.

 — ¿Violada? ¿Quién va a querer violarte?

Mi amiga tenía sobrepeso, el cabello corto y un grave caso de acné facial. Era una mujer muy joven de dieciséis años, que jamás había tenido una relación sexual antes del episodio de abuso y que no sabía cómo explicar lo que había sufrido. Acudió sola para hacer la denuncia porque estaba aterrorizada de lo que sus padres podrían decir, de cómo explicar que había sido violada por el mismo muchacho que pasaba buena parte de la semana en casa, que era el mejor amigo de su hermano mayor y el que la llevaba de vez en cuando a la escuela. El comentario del hombre le tomó desprevenida y le hizo perder el poco valor que había reunido para llegar allí y atreverse a denunciar. Aturdida, se echó a llorar y el policía, alarmado e irritado, la hizo sentar frente al escritorio que ocupaba con un gesto impaciente.

 — Cuente pues, como se acuerde. Apúrese que hay mucho que hacer.

Intentó hacerlo, pero recordaba poco. Apenas imágenes de gritos, golpes, del dolor que le había provocado la violación. El policía la miró desconfiado y luego de escuchar lo poco que ella pudo decir, le hizo una docena de preguntas, algunas sin relación con el hecho traumático que había sufrido. ¿Tienes novio? ¿Tus papás sabes que tus amigos van a tu casa? ¿Estabas bebida? Años después, mi amiga me contó que sintió tanto miedo por la desconfianza del policía como después se lo provocó intentar contar lo que había ocurrido a sus padres, que se comportaron de una forma más o menos parecida. Tanto el policía como sus padres, parecían más interesados en su comportamiento que en lo que había sucedido. Tanto uno como el otro, estaban convencidos que, de una forma u otra, ella “se había buscado” el hecho violento que vivió. Un pensamiento escalofriante que, en ese momento, paralizó a mi amiga por completo.

 — No te imaginas lo que es sentir que, simplemente, nadie te cree — me contó hace poco —,  que tienes que demostrar que no lo provocaste, que no hiciste nada, que no te equivocaste en nada.........

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