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La culpa de la mujer y otras costumbres históricas

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29.01.2020

Arman Zhenikeyev via Getty Images

La noticia se volvió viral con la rapidez burlona de las redes sociales: Un hombre fue captado por una de las habituales Kiss Cam de juegos y otros eventos deportivos, mientras besaba a una mujer. La anécdota no tendría nada de extraño, a no ser por el hecho que no se trataba de su esposa. O eso fue lo concluyó la mayoría de quienes compartieron el vídeo durante casi una semana. Finalmente, el inesperado protagonista de la historia, admitió a los medios que las sospechas eran ciertas y además añadió, que la imagen “había destruido” la relación que sostenía con su esposa, en una conclusión hilarante y grotesca a lo que empezó como una de las millones de anécdotas diarias que atraviesan el mundo virtual.

Más desconcertante aún resultó el hecho, que buena parte de quienes comentaron el vídeo también culparon a la mujer desconocida, que casi por accidente también protagoniza el suceso. Para mi sorpresa, no sólo recibió la habitual colección de insultos sobre su conducta sexual, sino que se le responsabilizó directamente “por romper un matrimonio”. Leí la historia con la habitual sensación de desconcierto que me provocan situaciones semejantes.

Hace unos cuantos años, una amiga me contó con detalles su dolorosa ruptura con su novio por más de tres años luego de que descubriera le era infiel con una mujer con la que trabajaba. Me habló sobre los días de dolor devastador, los silencios en la casa vacía y, sobre todo, la sensación ambivalente y demoledora que había perdido una parte de sí misma. La escuché con toda la empatía de la que fui capaz y como toda buena amiga, me dediqué a despotricar contra el novio ausente con toda la buena fe que pude reunir. Ella me escuchó, sonrió y se secó las lágrimas.

- Espero que la mujer esa con la que me fue infiel sufra el peor castigo del infierno — me dijo. Parpadeé.
- Él se lo merece mucho más.
- Él es sólo un hombre.

No supe que responder a eso. No sólo por el hecho que la frase parecía englobar un directo menosprecio al que fue su pareja por casi un lustro sino, además, justificar su conducta a un nivel que me resultaba incomprensible. Carraspeé la garganta, incómoda.

- Pero él era quien tenía una relación y un compromiso emocional contigo.
- ¡Ella se le metió por los ojos! — insistió. Las mejillas se le colorearon de pura furia — Estábamos bien hasta que ella…

Se queda sin palabras, traga saliva. Como buena amiga que soy, debería darle una palmadita en la espalda y asegurarle que esa “otra mujer”, la “puta” que le “arrebató” al que consideraba el hombre de su vida, sufrirá todos los martirios del infierno. Que tendrá que soportar la vergüenza y la ignominia de haber provocado la ruptura de una pareja perfecta. Pero........

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