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Dolor y amor en tiempos del nuevo feminismo

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02.09.2019

Para Mary Beard — la llamada “intelectual de moda en el Reino Unido” y autora del interesante libro Mujeres y poder — la noción sobre lo femenino con real arraigo y sustento histórico es una idea relativamente nueva. Y lo es, porque durante buena parte de la historia occidental, la mujer fue ignorada y sobre todo, sufrió un inmerecido anonimato con el que aún debe luchar. No se trata sólo de la idea que la mujer con poder — profesional, artístico — fue la mayoría de las veces ignorada desde cierta visión cultural sino que además se transformó en un tema tabú. Por ese motivo, es evidente la incesante persecución de las mujeres con algún tipo de influencia sobre las masas o el pensamiento colectivo — como demostró la quema de brujas — pero también, el notorio prejuicio hacia lo femenino más allá de lo que cómo la tradición y el conservadurismo lo conciben. Para Beard — historiadora que reflexiona sobre el tema de género desde una curiosa perspectiva general — no se trata de otra cosa que una versión de la realidad que presume el peso del género como un prejuicio primitivo. Una concepción que aún se mantiene en nuestra época.

Para Bear la concepción de lo femenino como menor, secundario, incluso peligroso tiene raíces tan antiguas que resultan casi imposibles de rastrear. “Necesitamos comprender que son problemas profundamente arraigados en la historia de la cultura occidental desde hace milenios. Con eso no quiero decir que estemos atrapados en ellos, pero debemos buscar soluciones diferentes” comentó Bear en una reciente entrevista al periódico El País de España. “Cuando ves ejemplos de mujeres silenciadas en el mundo antiguo, es fácil concluir que forma parte de una discriminación general. Pero lo que muestra la Odisea es que es más que eso. Para dejar de ser un niño y convertirse en hombre, Telémaco debe aprender a callar a las mujeres. Es un silenciamiento mucho más activo. El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres. Toda la definición de la masculinidad dependía del silenciamiento activo de la mujer”, añade. Una presunción inquietante que analiza las duras relaciones de poder entre las mujeres y los hombres a través de la historia pero también, la forma en que nuestra cultura internaliza y normaliza la discriminación al momento de concebir lo que consideramos poderoso y sobre todo, un elemento de importancia sustancial en el ámbito social. Según el análisis de Bear, la historia condiciona la comprensión del poder — quién lo ejerce y la manera en que lo hace — desde un ámbito netamente masculino y convierte a la mujer que lo aspira en una excepción, como si la mera idea de la capacidad convalidada para la influencia intelectual e incluso económica, fuera de exclusiva del sexo masculino.

Por supuesto, durante muchísimo tiempo, las mujeres fuimos invisibles. Como la magnífica Mary Wollstonecraft, que vivió una vida intensa y extraordinaria y hoy poquísima gente la recuerda. O la filósofa Simone Weil, que creó toda una visión sobre lo femenino y sus alcances, por lo que tuvo que luchar contra el poder de una Francia empeñada en comprender lo femenino desde un punto de vista tradicional limitante. Tantas mujeres que desaparecieron como arrasadas por una ola de anonimato. ¿Quién recuerda ahora a Lady Ottoline Morrell? esa mecenas que se enfrentó en solitario a los escombros del siglo XIX en pleno albor del racionalismo y brindó refugio a muchas de las........

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