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De los viejos y nuevos demonios culturales: cuando se necesita decir que no

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24.06.2019

Agustín Martínez, el abogado de los miembros de La Manada de Pamplona, declaró hace unos días que la víctima de sus defendidos “simplemente tenía que decir que no”. Hizo la declaración luego de conocer la sentencia del Supremo de España, que condenaba a los cinco acusados por violación a quince años de cárcel. Martínez resumió toda su defensa previa — basada en el consentimiento y sus matices — en esa única frase.

La imagen es inquietante: una mujer acorralada en un callejón por cinco hombres, aterrorizada y que después, sufre una agresión grupal, debe decir “no” en voz alta y audible. Sacudir la cabeza, hacer señales inequívocas para que quienes le agreden comprendan que está aterrorizada. Según Martínez, una mujer debe aclarar, para que no quede duda, que no quiere que un grupo de desconocidos le desnude, ataque, someta, viole. Tiene que resultar herida — a ser posible, de manera muy grave —  y sólo así, puede acusar a un grupo de hombres de haberla violado. Lo demás, siempre según Martínez, entra en el terreno interpretativo.

Las palabras del abogado no me sorprenden, por más retorcido y doloroso que parezca. Vivo en una cultura machista, en la que a una mujer se le juzga por el largo de la falda, su libertad sexual e incluso decisiones personalísimas sobre su capacidad reproductiva. De modo que el hecho que Martínez esté convencido que todo hombre es un depredador en potencia y toda mujer una víctima propiciatoria, es algo normalizado hasta un extremo peligroso. El consentimiento para nuestra sociedad entra en el terreno borroso de una cierta violencia tácita: la mujer debe estar atenta a no provocar el deseo del hombre. A dejar claro de cada forma posible, que rechaza ser acechada, violentada e invadida.

Se trata un sesgo al cual la mayoría de las mujeres nos hemos enfrentado antes o después. “¿Qué llevabas puesto?”, te preguntan cuándo sufres acoso callejero, “¿qué dijiste?”, si enfrentas maltrato verbal. “¿Qué hacías allí?”, si llegas a sufrir violencia. Es la falda, es el........

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