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De la mirada incómoda a la feminidad invisible

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25.12.2019

copyright 2010 PENTOGRAPHY via Getty Images

Con una frecuencia preocupante, las mujeres nos disculpamos por algo. Lo hacemos por una serie de razones poco claras, que incluso la mayoría no entiende muy bien y nunca resultan del todo claras, como si el hábito obedeciera a una compulsión ancestral heredada casi a ciegas. Una y otra vez te excusas, te justificas, pides perdón aunque no sepas en realidad por qué lo haces. Como si necesitaras hacerlo para consolar un tipo de ansiedad social que no sabes muy bien de dónde proviene pero que resulta tan machacona como insistente. Deseas pedir disculpas de manera casi irracional: por hablar en voz alta — o también muy baja — , por decir lo que piensas — o no decirlo — , por la forma en que comes, te vistes e incluso cómo caminas. Al parecer siempre había un motivo por el cual insistir en esa costumbre, por más molesta e irritante que a veces sea, por más sofocante, incómoda y absurda que te parezca. Lo haces metódicamente. Como si necesitaras dejar bien en claro que eres muy capaz de cometer errores y te disculpas ex profeso por el hecho difuso de que con toda probabilidad los cometerías. Una sensación que con los años y, sobre todo, cuando comienza a ser parte de la manera como te comunicas y miras el mundo, termina siendo dolorosa y en ocasiones directamente restrictiva.

Recordé todo lo anterior hace unos días cuando leí en Twitter un comentario que decía algo más o menos como esto: “Mujer, no digas groserías, no es de tu naturaleza amable”. La frase me desconcertó pero sobre todo me recordó de inmediato esa obsesión por la disculpa, por el hecho inmediato de pedir perdón por cualquier transgresión al invisible pero persistente código de conducta que al parecer toda mujer debería saber y seguir, incluso aunque no lo deseara. Leer la frase — una de tantos en la gran conversación virtual semejantes o con un sentido muy parecido — me irritó y al final me sumió en una serie de reflexiones incómodas. Porque la pretendida “naturaleza amable” de la mujer o cualquier idea semejante no es otra cosa que otra pieza en una estructura represiva que aplasta el comportamiento de la mujer........

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