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Cuando nunca es nunca: El país de las madres y las mujeres que no quieren serlo

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11.11.2019

Danny Moloshok / ReutersEmma Watson.

Hace unos días la actriz Emma Watson declaró que estaba feliz con ser una mujer soltera sin hijos. A punto de cumplir treinta años, su declaración despertó una desconcertante polémica, sobre todo por el hecho que, al parecer, la curiosidad mundial alrededor de su vida sentimental radica, en esencia, en el hecho que casi en la tercera década de su vida, a la mayoría le resulta inexplicable que la actriz tome semejante decisión sobre su vida personal.

“No entiendo por qué muchos crean un escándalo cuando están a punto de llegar a los 30. Me siento estresada por todos los mensajes que hay a mi alrededor. Si aún no has construido un hogar, no te has casado, no tienes un bebé o aún están descubriendo cosas por tu cuenta entonces realmente no tienes nada seguro en una edad en la que se supone que ya deberías tenerlo, simplemente esto genera una gran cantidad de ansiedad”, señaló la actriz a la revista British Vogue. También agregó que en la actualidad se encuentra pasando tiempo de calidad consigo misma: “Me llevó tiempo, pero ahora soy feliz estando soltera. Yo lo llamo estar autoemparejada″.

Por supuesto, semejante punto de vista reavivó el habitual debate sobre la libertad personal de una mujer pueda estar soltera, sólo porque puede y quiere, algo a lo que he tenido que enfrentarme durante buena parte de mi vida o, mejor dicho, desde que tomé la libre y voluntaria decisión que mi vida emocional no era la prioridad inmediata en buena parte de mis proyectos futuros. Si a eso agregamos que eso incluye no tener hijos, la situación se hace aún más extraña, mucho más en un país (continente) como el mío, donde hablar de no contraer matrimonios o tener hijos es tan impensable como para que de inmediato seas cuestionada, tu opinión minimizada, tu punto de vista reducido a una especie de “confusión pasajera”, como si el valor de tu identidad dependiera por completo de esa noción sobre lo fecundo — o no — que puede ser tu vientre, además del hecho del hombre que te hace compañía. Una cultura adolescente donde la maternidad es una institución, un deber, una obligación, una insistencia cultura. De hecho, no ser madre puede ser un tabú. También lo es la soltería, como si ambas cosas combinadas fueran por completo inexplicables e incluso, cuestionables. Porque en nuestra cultura machista, engendrar un bebé o caminar hacia el altar es un acto simbólico y de estatus social, más que una decisión personalísima. Y como tal se juzga.

Tal vez por ese motivo, la mujer que opta por encontrarse soltera siempre parece encontrarse a mitad de camino entre un tipo de curiosa región marginal.........

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