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La fuerza de lo colectivo

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12 de abril 2026 - 03:10

En mi pueblo se está perdiendo lo de que cada vecino barra su trozo de calle. En mi bloque, por su parte, hace tiempo que contratamos a una gestoría que se encarga de todo: las cuentas, la sustitución de las bombillas, la limpieza de las escaleras… En los trabajos se instauró hace mucho el «ese no es mi problema» cuando se trata de salirse de las funciones, horarios y tareas que nos tienen encomendados. La frase, lo mismo se usa cuando una compañera o un compañero está sobrepasado en su trabajo, que cuando un cliente, un alumno, un paciente... apurado pide algo que excede nuestras funciones.

En todos esos casos hablamos de lo mismo: hemos instaurado un mecanismo en el pensamiento colectivo por el que damos por sentado que alguien vendrá a limpiar la calle, a sustituir la bombilla que se fundió o a atender a esa persona a la que, creemos, no nos corresponde atender.

Supongo que en las sociedades complejas en las que vivimos es difícil mantener el espíritu comunitario que animaba a mi abuela a barrer la calle y a mi padre a cambiar la bombilla que alumbraba la calle, supongo que la complejidad de los problemas que sufre nuestra sociedad y los ritmos que llevamos hacen que tengamos que delegar muchas de esas cosas y por eso hay determinados asuntos que hemos dejado en manos de lo público.

Pero si olvidamos que esa dimensión de nuestras vidas solo se sostiene en la medida en que todos arrimamos el hombro, lo público se caerá. No podemos pedirle a la comunidad de vecinos que arregle el portal y, a la vez, que nos baje la cuota, no podemos pedirle al ayuntamiento que mejore el servicio de recogida de basuras y, a la vez, que nos baje las tasas, no podemos pedir que mejore la sanidad y, a la vez, que nos bajen los impuestos.

Y, además, tenemos que entender que no solo es cuestión de pagar, que también es cuestión de dejar de mirarnos el ombligo y entender que «sí es nuestro problema» construir una sociedad más amable, facilitar, en la medida en que nos es posible, que las instituciones funcionen mejor, que en nuestra comunidad de vecinos haya recursos para imprevistos porque no los hemos malgastado dejándonos la luz encendida…

La humanidad no avanzó nunca gracias al «sálvese quien pueda», evolucionó en la medida en que nos dimos cuenta de la fuerza de lo colectivo.

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