La dignidad en un grupo de Whatsapp |
25 de marzo 2026 - 03:08
Las víctimas de Adamuz tienen un grupo de Whatsapp. Lo fueron montando poco a poco, desde aquel día terrible de enero, y ha estado creciendo desde entonces. Allí, lejos del ruido, o lo más lejos que pueden, comparten sus cosas. A menudo se quejan, otras veces se informan, se consuelan... tratan de reconstruirse la vida echándose una mano los unos a los otros, y también de hacer fuerza común para pedir verdad, responsabilidades y ayuda. Amalia ha sido, hasta ahora, la última persona en salir del hospital tras el accidente. Tiene fracturas de fémur, varias vértebras, clavícula y omóplato, y aún le quedan por delante unas cuantas operaciones. No puede moverse ni ponerse de pie. Es una persona completamente dependiente y una de las cosas que más necesita, en este momento, es la tarjeta para personas de movilidad reducida, pero tardará entre seis meses y un año en conseguirla. Como Amalia, hay centenares de víctimas del accidente que necesitan que se les solucionen sus problemas, que las administraciones les sirvan para algo. Decía Aristóteles que el fin último de la política es el bien de las personas. Es verdad que ahora llamamos política a cualquier cosa: las broncas en el Congreso, los insultos en las redes sociales, los debates estériles en las tertulias… pero la política de verdad es otra cosa. Un político está, debe estar, para ser útil, y si a estas alturas las víctimas del accidente siguen pidiendo que se les haga caso es que algo no se está haciendo bien, empezando por la inoperancia de unas administraciones incapaces de dar respuesta a las necesidades extraordinarias de personas que están viviendo una situación absolutamente extraordinaria. La Junta ha empezado a responder ahora nombrando a Jaime Mora como comisionado por el accidente, aunque está por ver qué capacidad real de actuación va a tener. El Gobierno, que hace tiempo que debería tener aquí a alguien entregado al cien por cien a las víctimas, se ha limitado a preparar el decreto de indemnizaciones, que está muy bien pero que no sirve de nada si hay gente que no puede tramitarlas, y a aquel extraño homenaje durante la visita a Huelva del presidente del Gobierno, que no quiso o no pudo aprovechar la ocasión para estar cinco minutos con las víctimas, escucharlas y dares aliento. Del Ayuntamiento ni hablo, que anda ocupado pidiendo dimisiones. Cada uno va a lo suyo, como siempre, pero ninguno a lo que se necesita de verdad. Señores políticos: ayuden a esta gente. Luego, si quieren, sigan ustedes con sus peleítas y sus intereses y sus votos, pero ahora échenles una mano. A lo mejor así un día, cuando les vengan con eso de que los políticos no sirven para nada, tienen algo con lo que demostrarles que se equivocan. Que pueden ustedes hacerlo mejor.
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