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Mirando a la Luna

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12.04.2026

Me parece que desde la NASA, a través de agencias de noticias y otros canales, han hecho un esfuerzo para intentar transmitir emoción alrededor del viaje que cuatro astronautas, encapsulados en la nave Orión, han realizado estos días alrededor de la Tierra y de la Luna. Pero me temo que no lo han conseguido, o no demasiado. Como explicaba el jueves Encarna Samitier en su columna de nuestra contraportada, a quienes seguimos en blanco y negro, hace más de medio siglo, la aventura de los primeros viajes a la Luna, la misión Artemis-II, por el momento, nos suscita más la nostalgia de aquel tiempo perdido que un verdadero interés. No me extraña que Samitier haya tenido una especie de momento magdalena de Proust al descubrir que entre los múltiples cachivaches técnológicos con los que van equipados los astronautas se había colado un bote de Nocilla o de Nutella, alimento o capricho emblemático de muchos niños de esos años. Varios profesores de la Universidad de Cantabria, Valen Gómez Jáuregui, José Andrés Díaz Severiano, Miguel Iglesias y Noemí Barral Ramón, aseguraban, en un artículo de The Conversation que HERALDO publicó el 30 de marzo, que «la misión Artemis-II se alza como el salto más arriesgado y fascinante de nuestra generación». Así será, pero leo por otro lado que los propios ciudadanos estadounidenses no están nada encandilados con el asunto. Y estoy con Samitier cuando dice que este viaje no ha concitado «un interés como el que despertaron la hazaña del Apolo XI y los pasos vacilantes de Armstrong y Aldrin» en julio de 1969. Tal vez la cosa cambiaría cuando los seres humanos vuelvan a poner el pie en la Luna y a dejar su huella. La NASA tiene previsto que ocurra en 2028. Y esta vez lo veremos a todo color. Es posible que, entonces, regrese también la emoción de la aventura.


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