Lo peor, las risas y los aplausos |
Confieso que era la primera vez que asistía a una película de Santiago Segura. En general, no soy partidario de la comicidad de este actor. Lo hice porque pensé que podía quedarme atrás en la concepción actual de la ironía y el humor, dada la soberbia propaganda con la que se está moviendo el filme Torrente, presidente. Y el apoyo que, incomprensiblemente, está teniendo en algunas empresas de exhibición cinematográfica.