Cartas al director de HERALDO: Colillas por todas partes

El verano pasado, recién jubilado de la enseñanza pública, me desplacé desde mi pueblo a la ciudad extremeña de Mérida. Allí pudimos contemplar el circo y el anfiteatro romano, su puente sobre el Guadiana y el casco antiguo. Me llamó la atención que, en todos lo bares en los que tomamos algún refrigerio, en todas las mesas del exterior había un cenicero. 


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