Un lazo de hermandad llamado Patria

No los conociste, no cruzaste jamás palabra alguna con ellos, no son tus familiares, amigos o vecinos, pero su pérdida duele, se clava en el pecho, arrastra lágrimas.

Al principio, hay un número que, aunque en sí mismo lacera, no se compara con el instante de ver un rostro, un nombre, una mirada, un ser humano. Lo entiendes entonces, te une a ellos un lazo que no es de sangre, pero como si lo fuera, por una razón incuestionable: son cubanos.

Puede que no sea nuestro dolor comparable al de sus madres, esposas, hijos, nietos, amigos más queridos, pero lo dijo Fidel también un día luctuoso: el dolor se multiplica. Sí, eso sucede cuando........

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