Testigos, declarantes y comparecientes

24 de abril 2026 - 03:07

Ha sido un jueves como para quedarse delante del televisor para escuchar a destacados personajes que han formado o forman parte de la historia política y se han visto obligados a dar cuentas a la Justicia como testigos o comparecientes a solicitud de abogados y acusaciones particulares.

Rajoy fue ayer más Rajoy que nunca, imperturbable ante las preguntas con bala, que respondía sin inmutarse: “Me llamo Mariano Rajoy, y que cada uno me llame como quiera”. Dijo que era “una absoluta falsedad” que destruyera pruebas de una caja B del partido haciendo pasar por la trituradora de papel el informe financiero que le entregó Bárcenas, y negó que hubiera impulsado la operación Kitchen para conseguir los documentos comprometedores que pudiera guardar Bárcenas. Aseguró que en la investigación no hubo operación política, sino una operación policial completamente legal. Se marchó con el mismo paso con que había entrado, sin un mal gesto que demostrara que había pasado un rato amargo.

Quien fue su mano derecha tantos años, María Dolores de Cospedal, dio un par de apuntes significativos. Excepto el primer contacto con Villarejo, al que conoció por su ex marido, el resto de encuentros que mantuvo con el ex policía fueron a petición de Villarejo. Y más que preguntar el comisario fue ella la que le preguntó sobre la infinidad de filtraciones que recogían los medios de comunicación sobre Rita Barberá. El dato significativo que ofreció fue que Bárcenas había dejado varias cajas con documentos guardadas en la sede de Génova, que se requirió a Bárcenas en varias veces ocasiones que se las llevara y transcurrieron varios meses hasta que envió a alguien para que las recogiera. Es decir, la ex secretaria general estaba dando a entender que si querían hacerse con pruebas de corrupción que pudiera guardar Bárcenas no tenían más que abrir las cajas que estuvieron durante tanto tiempo en Génova.

Quien salió peor parada ayer fue Begoña Gómez, con un informe presentado por su abogado el ex ministro Antonio Camacho. Para defenderla de haber cometido los delitos que se le imputan, entre ellos tráfico de influencias, intrusismo profesional y malversación, recoge el informe que la creación de una cátedra en la Universidad Complutense tenía un interés altruista, no “un cauce para la mejora de su carrera profesional”. E incluye un ejemplo que ha causado sensación: “No tendría ningún sentido pensar que una cátedra de esta naturaleza, como la cátedra de Inditex de la Universidad de La Coruña, se ha constituido para favorecer la carrera profesional del presidente de esa sociedad”.

Acabáramos: Begoña Gómez se equipara con Amancio Ortega. Aunque bien visto, ella es más: esposa de jefe de gobierno, y recibe a sus posibles promotores en el Palacio de La Moncloa.

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