Y mientras Pedro quema incienso...

12 de abril 2026 - 03:10

Ha fracasado el intento del Gobierno de relativizar el escándalo de corrupción que tiene como agente decisivo a José Luis Ábalos y evitar que acapare la actualidad nacional, monopolice la vida pública durante una temporada y agriete el relato dominante.

Lo que le conviene es centrar el debate en los logros de la política económica y social desplegada (la bajada del desempleo, la subida de pensiones y salario mínimo, el escudo social), que deben reconocerse sin ambages aunque con sus claroscuros en materia de desigualdad, pobreza relativa o vivienda, y, en lo inmediato, en el rechazo frontal a la guerra de Trump y Netanyahu. Hace bien en querer hablar de eso cuando se acerca el final de la legislatura.

El fallo estratégico de este presidente es –siempre lo repito– su fe ciega en los golpes de efecto, en los efectos anestesiantes de sus teatros, en la memoria supuestamente frágil de los ciudadanos y en su autoasignada capacidad para abrir y cerrar las “ventanas” –así de cursis las definen sus innúmeros asesores, servidores y pelotas– que imponen o cierran el debate público. Es así como fabrican una realidad alternativa que les está conduciendo a la catástrofe.

El ensimismamiento y el narcisismo son malos consejeros. Hacen que en los peores momentos quede en evidencia su debilidad política. Como cuando sorprende a los periodistas, a los que rehúye cada vez más, excusando la imprecisión de alguna respuesta en que “todavía no he comido”. O cuando, en plena crisis mundial y con sus allegados corruptos sometidos a juicio con testimonios y pruebas descarnadas y sonrojantes, se sube un vídeo a la red china de referencia en el que muestra a la multitud mundial cómo quema varitas de incienso en su despacho y lo adorna con una botella de plástico que le regaló un niño refugiado de Gaza y con uno de los Quijotes de cerámica que colecciona. ¡Qué hombre más sencillo, espiritual y sensible! O cuando le arrebata a Trabajo la primicia de los datos del empleo para ser él quien anuncie la buena nueva de los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social –en realidad son algunos menos– enfundado en una camiseta de la selección española de fútbol con el número 22 (atentos: igual planea adelantar las elecciones si ganamos el Mundial).

¿Qué se puede esperar de un líder que paraliza a su país durante cinco días fingiendo que baraja la idea de dimitir porque está muy enamorado de su mujer?

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