Mandos intermedios

07 de abril 2026 - 03:07

Estamos en una contrarreloj en la que el PP y Vox tienen que demostrar que son capaces de alcanzar los acuerdos pendientes en varias autonomías. Urge enviar el mensaje de que Sánchez puede ser desinstalado del sistema.

Estos acuerdos tienen grandes dificultades. Hay diferencias de planteamientos y también miedo a que uno de los dos absorba al otro, o por el abrazo del oso del grande al chico o por la defenestración de la moderación pepera por la ventana de Overton. El PP tiene que elegir entre sus élites y sus votantes y Vox tiene que escoger entre la rentabilidad mediática de la protesta continua o el esforzado crecimiento de la responsabilidad real. Nadie dijo que fuese fácil.

Por eso no hay tiempo para obstáculos imaginarios. Uno de estos es la afirmación de que Vox carece de cuadros para ocupar las grandes áreas de gestión que le corresponderían en un pacto proporcional. Es cierto que no tiene tal cantidad de personal político adiestrado para ocupar los espacios administrativos. Pero eso, en vez de inconveniente, es ventaja.

Los puestos intermedios de gestión no deberían ocuparse por designación política. Tampoco los altos. Para eso están los funcionarios. En España, no nos faltan. El problema real de nuestro país no es que un partido político no tenga ingentes cantidades de aspirantes al asalto de la administración, sino el parasitismo político. Muchas plazas del sector público no están ocupadas por los más capaces ni por los más independientes ni por los más especializados.

El periodista Rafael Méndez acaba de publicar un libro titulado Los dueños del Estado (Península, 2026), que estudia a “los altos funcionarios que mueven los hilos del poder en España”. Me despierta una gran curiosidad, porque mi impresión es que eso de los altos funcionarios pasa más en las series nórdicas como Borgen y que aquí el partidismo está incrustado en el Estado hasta niveles bajísimos y muy poco prudentes. Aquí los hilos son un lío, porque la política los enmaraña. A lo mejor el libro de Méndez me hace cambiar de opinión, pero, mientras tanto, veo con cierto alivio un partido que no puede permitirse coparlo todo. Los políticos deben marcar una dirección conforme a los programas que el pueblo ha votado, por supuesto; pero la gestión está más segura en manos de los profesionales.

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