No falta tiempo. Sobra ruido. Liderazgo y enfoque para el 2026
Hay una mentira elegante que hemos normalizado en el mundo empresarial: la idea de que no tenemos tiempo. La repetimos como si fuera una verdad inevitable de esta época, como si el ritmo frenético fuera una condición natural del liderazgo contemporáneo. Pero si uno se detiene a mirar con algo más de honestidad, el problema no es el tiempo.
El problema es el ruido.
Vivimos en ecosistemas corporativos que glorifican la hiperactividad y confunden visibilidad con relevancia. Empresas que celebran a los ejecutivos permanentemente ocupados, que miden valor por cantidad de reuniones, que confunden velocidad con inteligencia. Aprendimos a sentir orgullo por la saturación. A romantizar la urgencia. A creer que si estamos siempre “en algo”, entonces estamos liderando.
Pero lo que está pasando en realidad es más inquietante: la claridad retrocede.
Y no es solo una casualidad cultural. Es un sistema que se alimenta del ruido. El ruido mantiene a la gente ocupada. Mantiene estructuras en movimiento. Mantiene apariencias. Hace parecer que siempre “está pasando algo”. El ruido es funcional para la maquinaria corporativa… pero devastador para la calidad de sus decisiones.
La evidencia está ahí, aunque preferimos verla de reojo. La American Psychological Association viene advirtiendo desde hace años sobre la fatiga decisional, ese deterioro progresivo en la calidad de las decisiones cuando los líderes trabajan desde saturación constante. La OMS proyecta el burnout —esa consecuencia emocional del ruido persistente— como una de las principales amenazas laborales globales. Y mientras tanto, seguimos diseñando culturas que premian exactamente aquello que nos está erosionando.
No es falta de herramientas.
Nunca tuvimos tantas.
No es falta de información.
Nunca estuvimos tan inundados.
Lo que falta es criterio.
Lo que falta es foco.
Lo que falta es la valentía adulta de decir: esto sí…........
