Inventar lo antiguo

La forma muta, pero no la esencia en sí misma. El río, el río. Es decir, decantando cada historia se llega al átomo original. En ese lugar de génesis parecen instalados Paco Amoroso y Ca7riel, que viven en absoluto estado de gracia con su nuevo álbum, ‘Free spirits'. Después de alcanzar el éxito global con ‘Baño María’ y su versión extendida, ‘Papota’, el dúo argentino se eleva y despliega un saber hacer musical que linda con la genialidad, se revuelca en la obscenidad de los fluidos y sale airoso de sus propias trampas gracias al descaro, un arte en decadencia que practican con maestría.

Los aparentes estragos del estrellato de ambos cantantes se habían mostrado evidentes en ciertas apariciones públicas, como en los últimos Grammy al recoger un premio. Ca7riel permanecía disociado, inmóvil, pronunciando incoherencias. Paco Amoroso, en una línea similar, admitía la locura del año anterior y la necesidad de frenar. Ahora resulta imposible no repasar esas declaraciones como un acto publicitario bien ensayado, igual que el supuesto parón que estaban a punto de anunciar.

El concepto tras ‘Free spirits’ fue anunciado con un vídeo junto a Sting, de The Police, que actuaba como su terapeuta en un centro de rehabilitación holístico. El dúo se prestaba artísticamente a reformarse y perder los vicios o costumbres que lo intoxicaron. Esa mutación aparece en la propia portada del disco. El resultado, sin embargo, es una extensión de su estilo personal sin miedo a deformarlo, parodiarlo y diversificarlo.

El tema que abre el disco emula sonidos indios y persas, asumiendo el riesgo de parecer una broma sonora a través de la letra o el uso de filtros vocales absurdos. Aquí se abre un abanico de géneros que no se detiene, incluso llegando a cambios radicales dentro de una misma canción, como sucede en ‘No me sirve más’ o ‘Ha Ha’. Quizá este es uno de los secretos del álbum: la constante transformación sin dar un respiro. Otro, retomando la antigüedad, es recuperar géneros pasados para recrearlos con alma propia. Porque la sensación que ronda en cada tema es la misma: esto ya lo he escuchado, pero no de este modo.

El Tiny Desk que terminó de viralizar al dúo argentino el año pasado se encuentra con claridad detrás del repertorio de sonidos entremezclados. Así, los merengues y calypsos, o los guitarreos brasileños, se intercalan y sobreponen con bajos de trap, bases de house, psicodelia de jazz setentero o los ritmos más noventeros del funk. Es imposible sonar más a rock argentino que la canción ‘Hasta Jesús tuvo un mal día’, que emula casi a Charly García o Spinetta y permite crecer a Sting como colaborador en ella. Después llega ‘Himno del mediocre’, un tema de canción ligera sin vergüenza ajena que destila trazas de Julio Iglesias y Gino Paoli, como si lo ideasen como regalo para sus abuelas, seguramente gallegas o italianas.

A nivel composición, la marca de la casa se eleva a su propia potencia. Si las referencias sexuales habían sorprendido anteriormente, ahora se convierten en una retahíla que borra casi el significado de las palabras. Entre tetas y culos, coitos múltiples, supermodelos e incluso hipermodelos, los dos argentinos confiesan el mal mental que la fama les ha acarreado, las enormes renuncias o pérdidas como consecuencia, los malos derroteros del éxito, el abuso sustancias o la dislocación de existir en Hollywood y en el pueblo al mismo tiempo.

El desparpajo artístico de Paco Amoroso y Ca7riel podría parecer innato, pero mi convicción es que es idiosincrático. De cierto estrato social, de cierta generación, de cierta argentinidad porteña; el dúo no es más valiente que otras figuras populares y expandidas, como la vedette Moria Casán, que mudó de musa en icono a través de su lengua tajante y ocurrente. Ambos son, en cierto modo, igual de certeros y atrevidos como las preguntas y la visión de la televisiva Mirtha Legrand. Con más de 90 años y décadas de éxito en antena, todavía hoy se atreve a enfangarse con una elegancia de antaño.
Un proyecto como ‘Free spirits’ está creado para impactar en una primera escucha, buscando con puntería la delgada línea entre epatar y espantar. Las siguientes reproducciones abren capas de una cebolla densa vestida de simple. A fin de cuentas, Paco Amoroso y Ca7riel han decidido optar por un salto al vacío, la única salida en las carreras de las verdaderas estrellas. Algunos artistas han quedado en ese camino por estamparse contra el suelo tras haber perdido al público. Ellos, afortunadamente, han caído vestidos sus pantalones ‘baggy’ y prendas ‘oversize’ que han servido de paracaídas, quizá el primero de lujo.

El cierre del disco transita sobre la frontera mística que separa a un coro celestial de los tambores del infierno. La idea resultante es que la Antigüedad debía parecerse bastante a lo que prometen las religiones en una vida más allá y, al mismo tiempo, es lo más cercano a un ‘after’ contemporáneo. Los vestigios que resisten a esa altura son las muestras destacadas de su tiempo; son los frenesíes y los supervivientes de estos. Invita a pensar que quizá en el pasado, incluso en el más remoto, esa melodía incesante ya sonaba similar a la actual y las preocupaciones, entre el sexo y la desolación, no han mutado ni un solo gramo.


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