Una campaña divertida

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Una de las campañas electorales más divertidas que recuerdo agoniza. Lejos han quedado aquellos mítines multitudinarios en el pabellón de La Alamedilla, en el Palacio ... de Congresos o en el CAEM, con cientos de personas, en los que el pueblo esperaba el exabrupto y en los que el vencedor de la campaña era quien dijera la mayor barbaridad contra su oponente. Eran insultos o menosprecios, pero, sinceramente, sin la inquina actual. Todo cambió a raíz del 11-M; desde aquel momento la política se convirtió en un estercolero del que, como país, no hemos conseguido salir. Ni siquiera los debates electorales tienen ya sentido, con las redes sociales y la inteligencia artificial siendo utilizadas como armas de destrucción.

La precampaña y la campaña de estas autonómicas que se celebran el domingo han tenido de todo: «No a la guerra», nueces, ruido, certezas, cañas, cervezas, cortezas, torreznos y torreznas, Marrueco, un Quijote, Rocinante, un charlatán mandando a la mierda a los medios de comunicación y hasta un «te quiero». Solo ha faltado un First Dates versión elecciones.

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